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Arroz con leche

 

 

El arroz con leche era el postre favorito de mi casa; mi madre lo hacía como nadie y, pasión de hija aparte, tengo que reconocer que no he probado ninguno semejante: una textura cremosa que se conseguía a base de remover sin parar, junto a un grano en su justo punto, suelto e integrado en esa deliciosa crema aromatizada de canela y limón, además de la infinita paciencia que mi progenitora ejercía, consiguiendo que este postre fuera un verdadero manjar. Después de casi un año con esta web he ido, conscientemente o inconscientemente, posponiendo este postre,  ya que la evocación de la figura materna siempre es algo así como indagar en la "sábana santa".

 

 

 

Yo pertenezco a la generación de los 60, en la que un número de mujeres empezamos a "liberarnos", lo que implicaba una mentalidad sobre la vida y las cosas que nos alejaban radicalmente de nuestras madres, mujeres tradicionales con las que mantuvimos turbulentas adolescencias. Dentro de esa concepción, el término "realización personal" era otro "trending topic", que contemplaba la idea de ejercer una profesión; lo que nos llevó a trabajar primeramente fuera de casa, y luego fuera y dentro, y finalmente ya no sabíamos distinguir lo que era fuera y lo que era dentro: un universo infinito en que intentábamos compaginar ambos mundos con un perfeccionismo, que a veces era fruto de un extraño sentimiento de culpa. 

 

Sería muy largo intentar resolver este berenjenal afectivo, pero a pesar de todo lo dicho anteriormente, nuestras madres, paradójicamente, han ejercido una influencia mucho más poderosa de lo que se podría imaginar; es curioso que pasados los años, ya insertadas en la vida real, una gran mayoría de nosotras, comenzamos no sólo a reconocer su papel decisivo en nuestras vidas, sino que iniciamos un mutuo entendimiento y, a la vez, dedicación hacia ellas, a veces mucho más generoso que las mujeres que siempre habían pontificado sobre el papel tradicional de la mujer. A este respecto, recuerdo la biografía de Doris Lessing, en que se relata la larga y beligerante relación que mantuvo con su madre, proyectada a lo largo de toda su producción literaria. Sin embargo, en su última novela autobiográfica (la historia de sus padres), me sorprendió su confesión de que daría su vida por tener la oportunidad de agradecer a su madre los enormes sacrificios que había hecho por ella, sin lo cuales la autora no hubiera podido llevar a cabo su vocación literaria.

 

 

 

 

 

Ingredientes:

 

-2 litros de leche, a poder ser fresca

-1/2 vaso de los de vino de arroz redondo, o 6 cucharadas de arroz

-un rama de canela, cortada por la mitad y bien atada con hilo para que no se 

-una tacita de azúcar o taza de azúcar según lo dulceros que seáis

-una corteza de limón

-canela para espolvorear por encima

Pero el ingrediente estrella es: PACIENCIA... PACIENCIA... PACIENCIA 

 

 

Elaboración:

 

1. Pon la leche al fuego con la rama de canela (cortada en dos partes) y la corteza del limón. Si no quieres que la rama se despedace, átala transversalmente bien con un hilo. Como habrás observado, la desproporción entre el arroz y la leche es evidente (dos litros de leche por media tacita de arroz), pero si quieres hacer un arroz con leche de los de antes, muy cremoso y con granos no apelmazados, tendrás que seguir mis instrucciones al pie de la letra; en mi arroz con leche la cremosidad de la leche se consigue mediante la fécula que suelta el arroz cuando se tiene una hora removiendo, a diferencia de los arroces en donde el grano se apelmaza por exceso de arroz o flota en una leche aguada sin aglutinarse, por falta de cocción.

 

 

 

 

 

 

2. Cuando empiece a hervir agrega el arroz, y baja el fuego para que no se pegue, debe seguir hirviendo mientras mueves sin parar; este proceso durará una hora  hasta que se vaya espesando. Fíjate que la cantidad de arroz es de sólo 6 cucharadas:

 

 

 

 

 

 

 

3. Pasado este tiempo, ya verás como el arroz va subiendo a la superficie y ya se nota al remover, entonces podrás agregar el azúcar:

 

 

 


 

 

 

4. Sigues removiendo con el azúcar hasta que se disuelva bien, apagas el fuego y dejas reposar unos 15 minutos para que se termine de espesar. 

 

 

 

5. Ahora ya podéis volcarlo en una fuente o en cuencos individuales, que  al enfriarse consigue esa consistencia tan cremosa, a pesar del poco arroz que lleva:

 

 

 

 

 

 

 

 6. Como hay personas que no soportan la canela en polvo, os sugiero otra forma de servirlo: con pegotes de mermelada por encima, que presento en la fotografía es una mermelada de fresas del río Ulla que salió deliciosa:

  

 

 

 

 

BON APPÉTIT & GOOD LUCK !!!!!!!!!!!!!

 

 

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