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Brazo gitano relleno de fresas con nata

 

Este brazo de gitano es una receta maravillosa que no es demasiado complicada, si aprendes  a hacer una plancha de bizcocho y a montar la nata, dos técnicas reposteras que son verdaderos fondos de armario, y cuyos  procedimientos culinarios explico en otra sección con gran detenimiento. Este pastel lo probé por primera vez en Inglaterra y caí rendida a su belleza y exquisitez por lo esponjoso de su bizcocho y el intenso sabor y suavidad de la nata. La receta  me la dio hace muchos años una amiga mía, que vivía en Inglaterra, y a la que yo misma enseñé a cocinar, y luego me sorprendió con esta estupenda creación; recuerdo que cuando servía el té de la tarde acompañado de esta tarta y en un juego de té muy kitsch de la firma Royal Minton, la mesa parecía sacada de la época victoriana y sólo faltaba la Reina Victoria o "Alicia en el País de las Maravillas".
 

 

Realmente, me encanta este brazo de gitano. Es como la creación de algo muy bonito, con un contraste de colores y sabores suaves y fuertes, que producen esa apariencia tan delicada e irreal que sería lo más adecuado para la fiesta del "No-cumpleaños" de Alicia en el País de las Maravillas, ese increíble cuento, en donde Alicia una niña que en su sueño existe no solo la cuarta dimensión sino que en este viaje de la niña se ve involucrada en una serie de acontecimientos ilógicos y extraordinarios llevados  a cabo por personajes enloquecidos como sus compañeros, el Conejo Blanco, el Sombrerero, la Oruga azul, el Gato de Cheshire y la Reina de Corazones. En cuanto vi este pastel no pude, por menos, que recordar a aquellas preciosas y singulares ilustraciones de John Tennell (1865) para esta historia maravillosa; y pensé  que este postre sería digno de servirse en The Mad Tea Party ("La Fiesta Loca") o en el Unbirthdar party ("La Fiesta delNo-cumpleaños"), cuando Alicia se topa con el Sombrerero y la Liebre, quienes tienen una muy singular y eterna celebración: el “No-cumpleaños”, a la que invitan a la asombrada Alice a tomar el té. (La foto de abajo es una de las más antiguas y conocidas ilustraciones de este cuento, dibujada por John Tennell (1865) para The Mad Tea Party. ("La Fiesta Loca"). (La foto es ya del dominio público).

 


Sin embargo, este cuento infantil, no tuvo para mí el éxito de historias como Peter Pan, Heidi, o incluso los libros de Julio Verne o, por supuesto, mi adorada Celia de Elena Fortún; tengo que confesar que aborrecí “Alicia en el país de las Maravillas”  en una primera lectura. Creo sinceramente, que este famoso cuento “infantil” está en casi todas las casas y, sin embargo, pocos lo han leído. La razón por la que, en general, los niños no aprecian su lectura es el disparatado nivel de locura de  sus personajes, ya que en el fondo es más una sátira contra la sociedad victoriana, en donde se critica la doble moralidad, la hipocresía, y las apariencias sociales, que una historia infantil en donde los acontecimientos son incomprensibles para niños de 6 a 10 años, que funcionan con una racionalidad que les hace incomprensible lo que le pasa a Alicia, y es incapaz de entender la metáfora que esconde detrás: lo que le espera a la niña cuando entre en la edad adulta y se vea rodeado de los estos personajes chiflados que no son más que los adultos. A veces pienso que con esta historia sucede algo parecido a cuando intentas cambiar la trama  de "Caperucita", añadiendo alguna información incongruente que te inventas; los niños enseguida reaccionan con: "Así no puede ser el cuento".

Sin embargo, cuando lo leí ya pasada mi adolescencia, empecé a encontrar significados que me abrían una multitud de perspectivas e interpretaciones fascinantes y entendí por qué había dado lugar a tantas críticas diferentes: desde análisis matemáticos de toda índole a discusiones psicoanáliticas freudianos, y las últimas investigaciones casi lo considera un tratado de neurociencia. Y aquí radica su tremendo éxito, "el placer del texto" que diría Roland Barthes, ya que es un reto o acertijo  para nuestra inteligencia, en donde cada lector se enfrenta al reto de Alicia con una  interpretación personal basada en su bagaje cultural. 

Volviendo  a este postre, la elaboración es sencilla si sabes cómo preparar una plancha de bizcocho para brazo de gitano y de montar la nata. Es susceptible de ser rellenado de cualquier fruta fresca mezclada con la nata montada. Por ejemplo, melocotones o albaricoques frescos,  o cualquier fruta de baya (frambuesas, moras, etc.)  o crema pastelera, que es la forma más típica de rellenarlo en España, o crema de trufa de chocolate,  que es mi predilecto, y que sólo requiere una mezcla de media tableta de chocolate fundido con una o dos cucharadas de nata y otra de brandy, Finalmente, no tienes más que colocar el relleno en el bizcocho abierto como un libro y luego doblarlo y cerrarlo.  La plancha de bizcocho es una receta de mi casa, pero la forma de presentarlo es típicamenta inglesa y digna de una de las grandes  delicadezas de la repostería anglosajona.

Yo soy muy particular con las fresas, me gustan pequeñas y muy maduras y si pueden ser del terruño mejor; de hecho, si lo haces con amorodos (fresas salvajes pequeñas, como las que había en la Goleta) estará espectacular. El fresón si no está muy maduro, es insípido, y por tanto el pastel no resulta ni tan dulce ni tan oloroso. Yo suelo hacerlo con fresas locales del mes de agosto o septiembre, bien maduritas y, a la vez, duras. Puedo deciros que modestamente la gente que lo ha probado en mi casa se ha quedado maravillada por su presentación y exquisito sabor. 

En mi casa solían hacerlo también como un plato salado, relleno de cualquier bechamel de gambas, jamón, merluza, etc. y espolvoreado con queso; puedes incluso darle un toque de gratinado de horno. Asimismo, se puede  introducir una mayonesa mezclada con pescado deshecho, huevo cocido, etc. o cualquier cosa que te haya sobrado.

 

 

 

Ingredientes:

 

 

 -4 huevos grandes 

-4 cucharadas de azúcar

-300 gr. de fresas

-4 cucharadas de harina bizcochada (de la que ya lleva levadura)

-4 dl. de nata (dos tetrabricks)

-3 cucharadas de azúcar glas para la nata 

-mantequilla para untar el molde

-azúcar glas para espolvorear

 

Elaboración:

 

Para la elaboración del bizcocho, me remito a este enlace. Y lo mismo lo hago para montar la nata.

 

1. Ahí tienes la plancha del bizcocho con un color y esponjosidad que alimenta; nos deshacemos del papel que debe ser antiadherente y con un cuchillos lo pasamos a un paño; en mi caso, es  mi paño fetiche, porque era de mi casa y debe llevar más de ochenta años de tourné (todo un vintage), al que espolvoreo azúcar para que luego se separe bien; le doy la vuelta y ya puedo ponerlo en una fuente doblado como un libro y también con un esprurreado de azúcar para que no se peguen las dos partes: 

 

 

 

 

 

 

 

2.  Ahora vamos a preparar las fresas. Después de bien lavadas, las secáis con papel de cocina y las cortáis como en cuatro trozos o incluso podéis dejarlas enteras:

 

 

 

 

 

 

3. Una vez que tenéis la nata batida, le agregáis unas 3 cucharadas rasas de azúcar glas, y las fresas que habéis cortado de antemano, y si sois muy golosos le habéis puesto una cucharada de azúcar para que se maceren un poco, y removéis todo con cuidado de que no se baje la nata; y a la nevera durante media o una hora para que espese:

 

 

 

 

 

4. Pasado ese tiempo; ya podéis rellenar el bizcocho; primero desplegáis y rellenáis solo la mitad de la plancha ya que con la otra lo cerraréis. Debéis procurar echar la mayor cantidad posible del relleno y no hace falta que lo cubráis por entero, simplemente lo alisáis con un cuchillo y hasta donde os llegue.

 

 

 

5. Y ahí tenéis el elegante y delicioso pastel; y cuando lo cortéis os parecerá incluso más espectacular:

 

 

 

 

 

 

 BON APPÉTIT AND GOOD LUCK!!!!

 

 

 

 

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