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 Chulas antiguas: un postre

para recordar que estábamos en Cuaresma

 

De todas las recetas de mi familia, sin duda, la más antigua era la de "las chulas de pan" que se hacían en Cuaresma. A mí me parecían riquísimas, quizá por el hecho que eran únicas de mi familia (jamás las había visto en ninguna otra casa, ni confitería ni restaurante). Yo creo que eran un clásico de la Goleta, donde las recetas eran heredadas y custodiadas con mimo durante décadas. Yo las sigo haciendo por eso de que todas familias tienen una cultura culinaria que debemos preservar y porque son tan deliciosas o más que las torrijas. En el fondo, son una variante de éstas, cuyos ingredientes son los mismos: el pan, el azúcar. la leche y los huevos, aromatizados con canela y limón. No era un postre, que digamos, de campanillas, ya que se justificaban como un aprovechamiento de la miga de pan; pasados los años, me he dado cuenta de que en mi familia se celebraba todo o, mejor dicho, la comida era la que recordaba cualquier festividad de tipo litúrgica o pagana; en este sentido, las chulas en los viernes de Cuaresma anunciaban que estábamos en esta etapa del año litúrgico, que no debía pasar sin pena ni gloria. Luego ya el día de Viernes Santo el postre era más ilustrado con las famosas empanadillas de hojaldre y crema, que ya eran palabras mayores. 

 

 

 

 

Aunque a mis hijos les encantan, yo no puedo dejar de comparar mis chulas con las de mi casa y encuentro una diferencia abismal, sin duda, por la calidad de los  ingredientes: la leche de vaca de la Marela que pastaba en un prado para ella solita y sería enviada por cualquier vaca de hoy en día,  el pan que cocía mi abuela con una miga que parecía talmente bizcocho, y los huevos del corral (digo bien "del corral, y ni de "corral"), que eran amarillos, amarillos, y cuyo sabor era diferente a todo lo que hoy en día se conoce como huevos camperos, ecológicos o de gallinas libres. 

 

 

 Ingredientes: 
 
 

 
400 gr. de miga de pan, cortada de un mollete que debéis tener del día anterior o incluso más días.

3 o 4 huevos

un litro  y medio de leche para sumergirlas y cocerlas

medio l. de leche, más o menos,  para mojar el pan, dependerá de lo duro que esté; tiene que quedar mojado

4 o 5 cucharadas de azúcar para el huevo

4 o 5 cucharadas para la leche en donde se cocerá; esto dependerá de cómo de dulce os gusten

200 gr. mantequilla para freír, o 2 dl de aceite de girasol, o una mezcla de ambos
 
 
Elaboración:
 
 
1. Cortáis el pan y apartáis la miga (yo la utilizo para hacer pan rallado):
 
 (Podéis también empezar en el punto 8, y luego ya lo tenéis preparado). 
 

 

2. Lo mojáis en la leche (aproximádamente medio litro, pero dependerá la dureza del pan) para que se ablande, conviene no hacerlo puré, simplemente humedecerlo. Si estuvieran muy mojadas le ponéis por encima un papel absorbente de cocina:

 

 

 

 

 

 

 

3. Batís los huevos y  les agregáis el azúcar (yo al final eché 4 huevos); mi madre solía decir que cuántos más huevos, mejor saldrán:


 


 
4. Escurrido el pan con cuidado, lo juntáis con los huevos. Esta es la mezcla que os quedará:
 
 

 

5. Preparáis una sartén con mantequilla derretida, o si preferís con aceite de girasol, yo suelo utilizar una mezcla de ambos; un poco de mantequilla es imprescindible en el resultado final:

 

 

 

 

 

 

6. Vais cogiendo cucharadas de la mezcla y las volcáis en la grasa. Yo soy un poco tacaña con el aceite y prefiero no llenar la sartén y si se oscurecería mucho lo cambio. Cuando está fritas ligeramente tostadas por un lado, les doy la vuelta:

 

 

 

7. En un plato cubierto de papel para que absovan la grasa, las colocáis. Veréis como se quedan un poco aplanadas.

 

 

8. Preparáis el litro y medio de leche con el azúcar, las cortezas de limón y naranja, la rama de canela y  a la leche; esto debe hervir unos cinco minutos; lo tapáis para que coja el aroma de todo. 

 

 

 

 9. Pasado este tiempo volcáis las chulas en esta mezcla y las cocéis unos 10 o 15 minutos. Esto incluso lo podéis poner al comienzo de todo. Lo cocéis e fuego bajo pero que herva muy despacito unos 10 minutos: 

 

 

 

 

10. Las podéis servir frías, calientes o templadas. Yo las prefiero templadas; a otras personas les gustan frías de la nevera. En Galicia, tanto las torrijas como la leche frita, las cañas de crema o estas chulas, nunca se sirven frías. Par mí, a un restaurante que sirva la leche frita de la nevera, debería bajarle varios puntos de categoría.

 

Ahí tenéis las chulas de pan con una apariencia apetitosa, un olor que aromatizará toda la casa, y un sabor casero y riquísimo:

 

 

 

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