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Clafoutis de cerezas con almendra: 

una versión más ilustrada de la tarta francesa

 

Cuando era niña tenía un libro de cuentos que dedicaba un capítulo a cada mes del año, y las primeras palabras de este mes eran: "Que días largos, qué noches cortas, ya está don sapo cazando moscas" y nunca se me ha olvidado aquella entrada, quizá porque me maravillaba que a las diez de la noche estábamos todavía en la playa.  El mes de junio es la época del año cálida pero no extremadamente calurosa, con tardes infinitamente largas, y un campo verde y frondoso, lleno de árboles en fruto que anuncian el largo y cálido verano, sobre todo para la gente de la España fría y lluviosa, que esperábamos y soñábamos con el verano todo el año; y la naturaleza, que se muestra como en pocos sitios de la península con tanto esplendor, nos invita a disfrutar al aire libre de un buen libro a la sombra de un árbol, y caemos rendidos en una ensoñación celestial, embriagados por el aroma de las primeras flores del estío.

 

 

 

Otra de las cosas que anuncian el verano es la cereza que, por desgracia, es una fruta muy efímera. Yo siempre he tenido una fijación especial con la belleza de las cerezas, esa fruta con la que nos hacíamos preciosos collares y pendientes a lo Carmen Miranda. Aunque no he sido demasiada tragona, tengo que confesar que mis grandes indigestiones han sido de cerezas, y no por haber comido un platito ni dos, sino porque comiendo cerezas no tenía límite. Me gusta la cereza oscura y bien madura pero también esa que le llaman de "panza blanca", una mezcla de color rosáceo y blanco. En mi familia, se solía celebrar el advenimiento de la cereza haciendo dulce de cereza, espeso y denso, que se cortaba como si se tratase del de membrillo y se guardaba hasta enero para comerlo con el queso gallego "que se desparrama": ¡qué delicia de maridaje!. Recuerdo además que con el sobrante de la pasta de cerezas se elaboraba la translúcida y bellísima gelatina, que adornaba el chinero durante  todo el año, y quizá lo que la hacía más deseada es que estaba vedada hasta el invierno, con la excusa de que cualquier conserva de cereza tenía que "madurar" hasta el puro invierno.

 

 

 

 


 

Pero, además de las confituras y jaleas, y el estupendo anís de guindas, éste es el tiempo de las tartas de frutas, de las que acabo de hablaros en la receta anterior, mencionando el origen, los ingredientes y la elaboración de la tarta clásica francesa más representativa del mundo, cuya receta es sencilla y barata, la clafoutis. La verdad es que estoy tan prendado de este postre que cuando me topé con otra modalidad más sofisticada, con ingredientes como la almendra y el mascarpone, que claramente la iban a enriquecer, decidí prepararla de momento y me ha parecido extraordinaria, y  hoy os la ofrezco, sobre todo para todos aquellos que disfrutáis con una buena tarta de fruta. En la primera versión, la clásica, la masa era la de los crepes, una especie de natilla, o masa aflanada que no llevaba apenas harina, sin embargo en ésta la  harina y maicena, aparte de la harina de almendra, la convierten en una tarta casi hojaldrada, con una apetitosa costra por encima cubierta de almendras fileteadas y es muy diferente del clafoutis clásico, que mantiene una apariencia más de pudding.

 

 

 

 

 

Esta versión la he visto en el blog de Lola (http://lolacoci.blogspot.com.es/2014/05/tarta-de-cerezas-y-almendra.html) y me ha parecido sensacional, así que, ni corta ni perezosa, me puse con las manos en la masa, nunca mejor dicho.  Quiero felicitar y dar las gracias a la autora de este estupendo blog. Esta tarta no es el clafoutis tradicional, sino que es más elaborado con ingredientes que la enriquecen como la almendra, el mascarpone y el extracto de almendra, que un añadido mío. (La he colocado en mi fuente favorita, una porcelana de Limoges, que encontré en un mercado de cosas viejas y la conservo co una joya).

 

 

 

Ingredientes:

 

 

 

 

-850 gr. de cerezas
-3 huevos
-180 gr de azúcar
-80 gr de aceite o mantequilla (yo le puse aceite de girasol)
-100 gr de queso mascarpone
-1 cucharada de mantequilla
-100 gr de almendra molida
-100 gr de maicena (yo he puesto mitad de harina de maicena y mitad de trigo)
-1/2 cucharadita de levadura royal
-una pizca de sal
-unas almendras fileteadas (opcional) para adornarla

-1/2 cucharadita de levadura royal (opcional, esto es de mi cosecha)

Opcional: extracto de almendra o  Kirsch, que es el famoso licor de cereza

 

 

 

Elaboración:

 

1. Quitamos los huesos de las cerezas, después de bien lavadas, dejamos la fruta  a escurrir, y la secamos con papel de cocina:

 

 

 

2. Ahora vamos a preparar la capa de arriba, que es como un bizcocho muy jugoso con gusto a almendra. Empezamos por batir los huevos y el azúcar:

 

 

 

3. A continuación echamos el aceite, la almendra, el mascarpone y el extracto de almendra, una cucharada de mantequilla y seguimos batiendo:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4. Y por último, tamizamos la harina mezclada con la maicena y la levadura "royal".

 

 

 

 

5. Preparadas las cerezas y bien apretadas en el molde, al que hemos forrado con papel de silicona y untado con una ligerísima capa de mantequilla, ya podemos echarle la mezcla por encima:

 

 


6. Ahí tenéis esta pasta por encima, y la metemos en el horno durante 45 minutos a 180º:

 

 

 

 


7. Finalmente, cuando ya habéis comprobado que está cocida metíendolo una aguja, le pongo la almendra fileteada y un poco de azúcar glas y lo dejo otros 5 o 6 minutos en el horno. Y ahí tenéis el resultado:

 

 

 

 

 

8. En esta variedad de clafoutis, la cereza queda abajo y forma una capa casi compacta, mientras que en la tradicional la fruta aparece en la superficie. En la foto del trozo que os muestra, podéis ver que presentación tan apetitosa y atractiva tiene, sin pensar en el delicioso sabor y textura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BON APPÉTIT AND GOOD LUCK!!!!!!

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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