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Confituras de verano: el albaricoque  

 

Cuando antaño las gentes preparaban las confituras en el verano siempre tenían en mente los rigores del invierno y, además, en perpetuar la estación estival: una tostada con una buena mermelada casera en el mes de enero, les haría soñar indudablemente con el largo y cálido verano. A lo mejor abastecerse con mermeladas tiene algo que ver con lo que un día dijo John Lennon: "La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes". 

 

No voy a contaros de nuevo mi afición por las confituras y cuál puede ser la razón psicológica detrás de este gusto culinario, porque ya lo he comentado previamente, pero hoy sí confieso confeso mi predilección por la confitura de albaricoque, que lejos de recordarme a las costumbres ancestrales de la Goleta, me traslada más bien a la huerta de mi abuela en Lorenzana, donde los albaricoques,  las cerezas y las fresas salvajes (o amorodos) crecían como debieron hacerlo en el paraíso terrenal. Hoy en día los albaricoques, en la mayoría de casos, tieenen una apariencia triste y no demasiado atractiva, quizá por pasar de la cámara frigorífica directamente al consumidor y se consideran una fruta de segunda o tercera fila; pero hubo un tiempo en que esta fruta de un color y olor delicioso, resultaban mucho más amistosa y hogareña que los majestuosos melocotones.

 

 

 

 

En la huerta de mi abuela, además de maravillosos albaricoques, cuya foto superior se asemeja mucho al recuerdo que tengo de ellos, también había pequeñas fresas salvajes, que llamábamos "amorodos" y que estaban escondidas en el suelo entre la maleza. Aquella fruta de cuento de hadas es difícil de olvidar y durante muchos años fueron un sueño recurrente en mi vida. Creo que eran algo así como las perlas para sus buscadores. Eran dulces, de un sabor y olor intenso, y se deshacían en la boca casi sin masticar: uno nunca tenía bastante; por eso, aunque se trataba de llenar una cesta para mostrarlas en casa, la exquisitez de comerlas recién cogidas siempre nos impedía recoger ni un pequeño puñado. Yo suelo comprar las fresas de septiembre; sin duda, las únicas fresas que todavía saben a algo (bien las de la Alpujarra, o la del río Tambre), con la pretendida ilusión de que se parezcan a aquellos amorodos, pero nada hay semejante a aquella fruta pequeña y "contrahecha" (palabra granadina para las flores y frutas de gran absoluta perfección").

   

  

 

 

 

 

 

 Ingredientes:

 

un kilo de fruta X 750 gr. de azúcar.

2 limones por cada kilo

los pitos de las cerezasa envueltos en un trozo de tela blanca porosa.

 

 

Elaboración:

 

1. Lo importante es que los albaricoques estén en su punto: es decir maduros, si estar pasados ni reventados.  

 

 

 

 

 



2. Utilizamos mismo procedimiento que para las otras confituras (a excepción de la mermelada de naranja y la de cebolla). Cortáis la fruta, en este caso, en cuatro partes y le agregáis el azúcar, removiendo bien; a continuación la dejáis reposar durante unas horas hasta que está todo bien disuelto, o toda la noche. Ya la he puesto en la misma cacerola donde la voy a hacer y la tendré tendré toda la noche.


 

 

 

 

 


3. No olvidéis añadirle el zumo de un limón por cada kilo de fruta. A la mañana siguiente. el azúcar se habrá disuelto.


 

 

 

 

 



4. Pasado ese tiempo, la ponéis en una cacerola y a hervir unos 40 minutos, pero antes cogerás la mitad de los huesos y los machacarás para obtener la almendra de dentro, que la escaldarás con agua, secarás y triturarás en un mortero. Esto es el secreto, mejor guardado del mundo, y os aseguro que el sabor de la almendra triturada del albaricoque es lo que hace única. 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5. Cuando va cociendo, se hace espuma, y en las recetas se aconseja espumarla, pero yo no lo hago porque luego se queda en nada sino que al final le agrego una nuez de mantequilla  (como veis en la foto) y la espuma desaparece totalmente.. La dejáis reposar durante 10 minutos y la metéis en los tarros como para las otras mermeladas. A mi me gusta notar los trozos, tal como la veis en la foto de abajo:


 

 

 



6. La mermelada ya está para guardar así que como ya tenéis los botes preparados (ver confitura fresa),  los llenáis  y les ponéis unos  círculos de papel sulfurizado, (papel de horno, o de silicona). Si queréis guardarla durante meses o años, entonces debéis esterilizarla (ver confitura frambuesa).


 


Ahí tenéis el resultado final: una confitura de un sabor exquisito y suculento, dulce y aromático y con una textura perfecta.

 

 

 

 



 

 

 

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