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Ensalada de lechuga y tomate

 

Para mi, una "simple" ensalada de lechuga y tomate es uno de los platos más difíciles de conseguir (que no de preparar), lo mismo que hacer unos buenos huevos fritos, o una carne a la plancha. Hace poco vi cómo unos vascos, en un asador castellano, devolvían una de esas ensaladas mixtas, que yo odío profundamente, bajo el pretexto de que para acompañar el cordero, sólo necesitaban un poco de verde crujiente, unas rodajas de tomate (mejor sin piel) y un aliñado de aceite del buen andaluz de la tierra y un vinagre de Jérez. Me dio ganas de levantarme y alabarles el gusto: en tres frases habían dado con la piedra filosofal de la ensalada de lechuga y tomate.  Yo quizá añadiría que tanto la lechuga como el tomate deben estar bien frescos y bien secos, y no encontrárse agua nadando en un fondo de la ensaladera, o dos dedos de aceite, y las hojas chuchurrías de llevar horas aliñadas. La verdad es que aprendí a hacer buenas ensaladas en los programas de televisión de Delia Smith, en donde daba unos consejos que suelo seguir a pie de la letra:

 

 

1. Lo primero para hacer una buena ensalada es elegir la lechuga;  a mí me gustan las llamada trocadero ("francesas" o "gallegas"); y casi en el mismo grado, la lechuga de Batavia. Estas variedades no son fáciles de encontrar en Andalucia, por lo que tengo que conformarme con la romana. Los cogollos también hacen buenas ensaladas pero, personalmente, los prefiero solos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mi me gustan cualquier tomate que sea de la tierra, aunque no tengan tan buen aspecto; en confianza os diré que pasado el verano ningún tomate  me sabe a nada. Los de abajo los compraba este agosto en el mercado de Santiago, el olor y el sabor eran de otro mundo, por un precio que ni menciono:



 

 

 

1. Delia no ponía la lechuga en agua, la lavaba sin más y luego la centrifugaba. Yo, en este sentido, porque prefiro prevenir, por eso, la pongo un rato en agua fría (incluso con unas gotas de vinagre) y luego la centrifugo. Hace décadas que me compré un centrifugador, con la idea de que era un cacharro más que no saldría de la caja. En mi caso, fue todo lo contrario: desde que lo compré no he dejadao de usarlo ni un solo día. Recuerdo que cuando no era tan populat como hoy en día, vino un día una amiga  a comer, y cuando me vio centrifugando la lechuga, se quedó asombrada y le pareció una idea magnífica, porque además era una magnífica cociner. Al final, me preguntó "cuánto tardas en todo el proceso". "Unos 10 minutos", fue mi respuesta. "Imposible, no puedo meter 10 minutos en la vorágine de preparar la comida cuando vengo a cien, y encima a mi marido, que espera leyendo el periódico,  le parecerá un siglo". Siempre que oigo esos cometarios que parecen intrascendentes, me acuerdo de aquel comentario de un catedrático que, en el primer día del curso, nos decía: "Y las señoritas que no sirvan para esto, que se dediquen a las labores propias de su sexo" (que son, sin lugar a dudas, hacer una ensalada. ¡Perdón por esta digresión).

 

 

 

 

 

2. Una vez bien centriguda y seca, la debéis trocear con las manos, o con un cuchillo de plástico especial, para que no se oxiden las partes que roza el cuchillo de acero. Los tomates después de lavarlos, podéis cortarlos o pelarlos y cortarlos. A mi me parece que sin piel ganan mucho, pero de nuevo dependerá de vuestra circunstancias.

 

 

 

 

 

3. El aliño debéis hacerlo aparte y emulsionarlo antes de echárselo. Yo le pongo tres partes de aceite por una de vinagre. Durante años, he usado el vinagre de módena pero he vuelto al de jerez. Es una buena idea tener un frasquito de cristal y hacer el aliño para batirlo bien con la tapadera puesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

4. A ser posible, debéis remover la ensalada en la mesa y en el último momento.

 

 

 

 

 

 

 

 

  BON APPETIT & GOOD LUCK!!!!!

 

 

 

 

 

 

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