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 Wiener schnitzels

 

Un homenaje a los 50 años de "The Sound of Music"

 

 

Me encanta ofreceros platos internacionales. En este caso es más fácil que nunca, porque en este país tenemos una versión casi idéntica al vienés schnitzel, que no es más que un simple escalope a la milanesa. Desgraciadamente este filete se ha convertido en un plato vintage, casi desaparecido de los restaurantes, porque en los años de prosperidad se cuidaba mucho de que no "nos diesen gato por liebre" y se suponía que la carne empanada era una carne disfrazada. A mi familia le ha encantado una buena milanesa y todavía nos la comemos con más gusto si lo hacemos en la playa. Y también hay que destacarla como el plato favorito  de los niños, bueno era porque quizá la pizza y los spaguetti lo han desbancado.

 

 

 

 

 

Recuerdo la primera vez que estuve en Viena, cuando desde uno de esos buses "drop on/drop off" te enseñan la ciudad en un tiempo record; de pronto, el guía nos indicó la casa donde había vivido el mariscal austro-húngaro Radetzky, nombre que no nos diría nada, sino fuera por el conocidísimo concierto de Año Nuevo que la Filarmónica de Viena retrasmite al mundo entero, y donde la marcha Radetzky, una composición de Johann Strauss padre, es la pieza que siempre cierra el concierto. Parece que el primer Strauss la había compuesta en honor a las hazañas de este militar, al que muchos califican de traidor a su patria húngara. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero su historia militar no tiene parangón con su contribución a la cocina austríaca; según la leyenda, cuando venció a los rebeldes del Milanesado en 1857, se llevó la cottoleta milanesa, como botín, al país por el que había luchado. El plato pronto se convirtió en el plato favorito del emperador Francisco Jose I, aunque la historia no dice nada de sí la emperatriz Isabel llegó a probarlo; parece bastante improbable conociendo que en los banquetes reales, en los que servían once platos, la extravagante Sissi sólo comía una naranja (¡esperemos que fuera valenciana!).  Ni que decir tiene que una vez ganado el corazón (y el estómago) del emperador, Austria se rindió  a este plato y lo adoptó como propio; realmente, su impacto fue tan grande en la gastronomía austríaca, y particularmente en la vienesa, que el wiener schnitzel se convirtió en la identidad de esta ciudad. Al llegar a Austria este plato perdió grosor y cambió la mantequilla de vaca o el aceite por manteca de cerdo que lo hizo más crujiente, pero en lo demás permaneció intacto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo os aconsejaría que en lugar de ir a los restaurantes, que son muy caros en Viena, os paséis por esos hermosos cafés que Viena sigue conservando (Café Diglas, Café Central, Café Mózart, entre otros), con su lujoso mobiliario de sillas thonet y mesas de mármol, y pidáis un schnitzel, en donde la carne de cerdo ha ido progresivamente desbancando a la ternera y se sirven con una rodaja de limón, una ensalada simple, unas patatas fritas o una ensalada de patata alemana.

 

 


 

Pero sí queréis tomar un schnitzel espectacular y a un precio increíble, no dejéis de visitar el Prater de Viena, el parque de atracciones, que posee además un área culinaria donde en una de sus carpas podréis degustar desde un excepcional schnitzel a una salchicha vienesa o una cerveza local. Supongo que las personas de mi generación todavía asociarán la grandiosa noria del Prater con una de las más apasionantes escenas de la historia del cine: la gran película "El Tercer Hombre".

 

 

 

 

 

Para terminar, no puedo dejar de conmemorar el cincuentenario de la película "The Sound of Music" ("Sonrisas y Lágrimas"), que en una de sus canciones ("My favourite things") hace una verdadera oda a los schnitzels:

 

Cream colored ponies and crisp apple streudels

Doorbells and sleigh bells and schnitzel with noodles

Wild geese that fly with the moon on their wings

These are a few of my favorite things

 

 

Recuerdo que vi la película (1964) en el Dominion, un cine en la confluencia de Charing Cross, Oxford Street y Tottenham Court Road y me pareció maravillosa, con aquella preciosa música de los maestros Rodgers & Hammerstein, bien merecedora de sus cinco oscars. Los sesudos críticos la tacharon de "syrupy and kitsch" ("empalagosa y cursi"), pero Europa y América cayó rendida a sus pies, quizá porque la primera versión del musical (1950) no estaba tan alejada de la guerra mundial y del entusiasmo por el triunfo contra el nazismo... ¡y que caray!, a todos nos gustan las películas sentimentales, de amor y lujo; sobre todo, cuando tenemos veinte años. Otro plus fue el encanto con que se mostraba la ciudad de Salzburgo. (En alguna ocasión he contado que unos íntimos amigos viven en esta ciudad y siempre he tenido una relación afectiva muy grande con ella).

 

 

 

 

 

 

 Ingredientes:

 

 

 

 

 

filetes de cerdo, cortados finos y grandes, yo los puse de lomo de cerdo y me

los cortaron como un libro

 

pan rallado

 

huevo para rebozar

 

unas rodajas de limón


Para acompañar:


patatas fritas a gusto

 

lechuga y tomate (opcional)

 

 

Elaboración:

 

 

 

1. Extraer los nervios y cualquier grasa del filete, machacar y extender la carne con el mazo (yo siempre lo hago con una piedra redonda de la playa) y salarla. Suelo también pasarles frotarlos con un diente de ajo pero esto ee opcional:


 




2. Pasar la carne por el huevo batido y que se impregne bien por los dos lados.





3. Empanarlos con el pan rallado, procurando que el huevo esté bien cubierto de pan:


 




 



4. Freírlos en abundante aceite caliente (o mantequilla)  unos  5 minutos por cada lado hasta que estén dorados; a ser posible es mejor en freidora que os quedarán mucho más uniformes (mi freidora es pequeña para estos filetes así que los freí en sartén):


 


5. Cuando los saquéis los colocáis encima de un papel absorbente o una rejilla para que no estén aceitosos:




 



6. Éste sería el resultado final: un filete fino y dorado, por supuesto, con sus consiguientes rodajas de limón encima, sus patatas fritas (que podéis hacer   más crujientes si usáis patatar par freír, pero a mi marido le encantan así porque están más sobrosas; finalmente, la ensalada es a vuestro gusto:


 

 

 

 

 

 

 

 

 

GUTER APPETIT UND GUTES GLÜCK!!!!!!!



 

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