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El Carnaval

 

Galicia es tierra de morriña, de meigas y de un mar que es parte esencial de su extraordinaria belleza. Sus habitantes gustan de la buena mesa que preparan mediante  recetas milenarias, sencillas y sanas, a base de magníficos productos del terruño.

 

 

 

 

A propósito de las filloas, no podemos obviar que los orígenes de Galicia son claramente celtas; y como tal conservan algunas tradiciones de sus ancestros, como es el plato cotidiano de las filloas, crêpes en la Bretaña francesa y pancakes para los anglosajones, especie de obleas hechas con harina, leche y huevos. Aunque la forma de elaborarlas es muy semejante, podríamos decir que la diferencia básica entre las gallegas y las demás está en la manera de cocinarlas: en Bretaña e Inglaterra se fríen en sartén previamente untadas de mantequilla mientras que en Galicia utilizamos el tocino con el que frotamos la sartén. Quizá también las gallegas son más finas. En ambas variedades se pueden hacer dulces y saladas, y en Galicia éstas últimas se elaboran de caldo de cocido o de la sangre del cerdo recién matado. Las gentes de estos territorios  solían disfrutar de este exquisto plato en Carnavales, celebración a la que fueron muy aficionados desde tiempo inmemorial.

  

 

El Carnaval, o Entroido ("Antroido", en Lugo) fue originariamente una fiesta rural, colorista, divertida y de disfraces pobretones que encarnaban personajes medievales;  se comía, se bebía y se bailaba hasta varar... y se rompían las normas, pero inexorablemente llegaba el Miércoles de Ceniza, y entonces se volvía a la monotonía y se imponía la abstinencia de 40 días sin carne, que con la compra de las bulas se reducían a solo los viernes de Cuaresma. Actualmente ha perdido ese sentido mágico y aldeano, para convertirse en una festividad urbana y social con bailes en los casinos, discotecas y sociedades recreativas, acompañados de desfiles vistosos y, a veces, hasta suntuosos.

 

Yo asocio los Carnavales de mi pueblo a la floración de la mimosa que anticipaba la primavera y el cambio de estación; para mí, el Carnaval siempre fue una fiesta enxebre y pagana en donde se celebraba el placer de lo prohibido, del rompimiento de la norma, y en donde mediante la máscara se asumía cualquier rol que nos alejase de la rutina. Como los gallegos celebramos todo en la cocina, quizá mis recuerdos más intensos se refieren a los olores y sabores del Antroido, en una cocina humeante de lacón con grelos, filloas (freixós, en mi pueblo), orejas y flores.

 

 

 

 

[Hoy a propósito de las filloas, voy a contar mi fortuito encuentro con el gran Álvaro Cunqueiro en un Carnaval de mi vida universitaria].

 

 

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