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Empanada de bonito 

 

 

 

 

He estado este verano en Galicia y tengo que confesar lo dificil que me resultó  encontrar una buena empanada; quizá el lector no gallego se esté preguntando  qué es una buena empanada. Sencillo, un producto que consiste en un buen pan que mantenga su frescura y conservación durante días, con un sabor  suave y  silvestre, un textura consistente en una miga esponjada  y una corteza crujiente que se deshagan fácilmente en la boca, y por último un aroma que inunde nuestra cocina y nos proyecte a un mundo artesanal idealizado en nuestra memoria. Además, una empanada debe contener un relleno -o amoado- jugoso, fruto de una cebolla bien pochada y del ingrediente principal que dará el nombre a la empanada y cuyo sabor y textura característico  se enriquecerá con la salsa y hará que nuestro paladar lo reconozca al primer bocado: sea lomo de cerdo, bacalao, pollo, navajas, bonito,  xoubas, o un largo etc. Finalmente, todo esto se coronará con una apariencia de color dorado fruto de una masa bien elaborada.

 

Bueno pues desgraciadamente, lo que me he encontrado en mi periplo en pos de una buena empanada, han sido empanadas de "franquicia", con una masa incomible muy semejante a la plastilina, con un escaso relleno en donde sólo se aprecia la cebolla más bien cruda y tintada con un colorante artificial, y una apariencia triste que claramente recordaba mejores tiempos. Esto me ha llevado a concluir con pena que encontrar una buena empanada en Galicia es como hallar una buena paella en Valencia, o un buen gazpacho en Andalucia, y sólo en sitios excepcionales, o muy caseros, podemos degustar algo que se asemeje a la auténtica y tradicional empanada.


Yo siempre asocio la empanada con un paisaje rural gallego, en donde en medio de frondosos bosques y arboledas aparece una sencilla casa de piedra, o un riachuelo travieso, o un "cruceiro" perdido, o una desnuda iglesia románica, o incluso el temeroso acantilado de Finisterre. Valgan las fotos de abajo para poder imaginar esa Galicia. 
  

 

 

 

 

 

 

 

  

  

 

 

La empanada es el icono de la cocina gallega por su carácter legendario, en donde la calidad de sus ingredientes, su simplicidad, sabor exqusito y "enxebre" y, por ende, el bajo coste de su producción la convierten en algo realmente emblemático. Por eso, quiero compartir con vosotros esta receta, reivindicando las bondades de una empanada de pan, rellena de bonito y tomate; y así demostrar que los gallegos todavía sabemos elaborar una buena empanada, que es sin duda lo más auténtico de nuestra cocina, y representa lo mejor de nuestro terruño.

 

  

 

 

 

 

 



 
 

 

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