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Empanadillas de pisto con bonito

 

 

 

No sé qué poder tienen las empanadillas, o a lo mejor toda la gastronomía; pero habitan en mi memoria de tal manera que su nombre despiertan de inmediato mis recuerdos infantiles, como si de un elixir menemóctico se tratase. En cuanto decidí hacerlas, regresé de inmediato a los años 50 y 60. Como niña de esta época, la comida era importantísima y lo primero que preguntaba al llegar de la escuela era: "¿qué hay de comida?", a lo que, especialmente en mi casa y en el verano, una respuesta frecuente era: empanadillas de bonito, o de carne, o de cualquier cosa ya que mi madre transformaba en empanadillas o croquetas cualquier sobrante; así el bonito escabechado se adelantaba a las empanadillas, como el día se anticipa a la noche. La verdad es que cuando oía que el segundo plato eran las hogareñas y entrañables empanadillas, se me esponjaba el corazón, porque, como a los niños en general, me prefería cualquier farinácea a la carne y al pescado.


Luego en los años setenta y ochenta, con el cambio radical del sistema de vida y la incorporación de la mujer al trabajo (bueno al trabajo profesional porque el otro nunca le faltó mujer), las deliciosas empanadillas empezaron a escasear en nuestro menús familaires; las mujeres dejaron de amasar, y pronto aparecieron las comerciales, de las cuales las refrigeradas de La Cocinera sustituyeron a las de toda la vida; hasta el extremo de que en las décadas siguientes prácticamente desaparecieron de nuestras vidas, y la palabra "empanadilla" ya sólo se escuchaba para recordar el popular sketch de "Martes y Trece". Y esto mismo ocurrió en los restaurantes, que también las desterraron, aunque es curioso que empezó una nueva tradición de servirlas como tapa (me imagino que para aprovechar dios sabe qué). Sin embargo, tanto en el levante español como en la zona murciana y incluso en las Islas Baleares, tenían tanta raigambre que se mantuvieron como plato popular, elaboradas con una masa antigua, fácil y barata de harina, aceite y cerveza o vino, con la que se conseguía una pasta hojaldrada muy idónea para estas exquisiteces; y con rellenos típicos de la cocina mediterránea.

 

 

  

La historia de las empanadillas está muy vinculada con la de la ancestral empanada y claramente surgen de éstas; la idea es encerrar la carne de caza para que  así durase más y, además, poder trasportarla de forma individual, tanto a las cacerías como al trabajo del campesinado.  Ya hablé en las empanadas y su origen en su correspondiente sección,  y cada día me reitero más en esta apreciación de que existen desde tiempo inmemorial en todas las civilizaciones y en todas las historias de la cocina, con además numerosas variedades. Recordemos los "calzone" italianos, derivados de la pizza napolitana y de la focaccia barese, en donde la masa sella su contenido para conseguir un relleno más jugoso y aromático. O los famosísimos "Cornish pasties" británicos (originarios del condado de Cornwall) y que actualmente se comen en toda Inglaterra; su particularidad con respeto a otras empanadillas  es que sus rellenos se hacen a base de ingredientes crudos de carne y vegetales, que se cuecen al horno junto a la masa.

 


Los árabes también han sido muy aficionados a las empandillas (quizá de ellos procede la tradición levantina y murciana). Dignos de resaltar son los "briks" tunecinos, especie de empanadillas de masa fina hojaldrada rellena de varias carnes, verduras o pescados, dulces o saladas. Es curioso resaltar que en la tradición tunecina es el plato que se ofrece al novio en la casa de su futura esposa.

 

 

 

En los países que fueron parte del imperio otomano (Turquía, Armenia, Serbia, Bosnia, etc.) se hacen los "Böreck" turcos que se elaboran también con una masa  hojaldrada llamada yufka (la pasta filo) y se rellenan generalmente con çökelek', un tipo de queso blanco turco o beyaz peynir ("queso blanco" en turco, feta en griego), carne picada o verduras y hortalizas, como la espinaca. Sin olvidar otras empanadillas de tradición árabe como los "Lahmayun", "sfihas" y "fatayer" árabes. Y ¿por qué no colocar dentro de la tradición de "encerrar algo en una masa" a los famosísimos rollitos primavera?

A la vista de la afición que la cocina de siempre ha mostrado por este plato y la resonancia personal que estos panecillos han tenido en mi biografía, me he decidido a elaborar unas deliciosas empanadillas de pisto con bonito que,  a mi parecer, son las más ricas; y para guardar la tradición voy a utilizar  sobras de casi todo: un resto de masa congelada y otro sobrante de pisto al que he agregado una latita de bonito: 

 

Ingredientes:

 

 


Para 6 empanadillas:

250 gr. de masa (receta de la masa aquí)

una taza o menos de pisto

una latita de bonito

un huevo batido para pintarlas

 

Ingredientes:

 

1. Lo primero es tener hecho un pisto (un sobrante), al que le mezclaremos una latita de bonito en aceite. Como sólo haré 6 empanadillas, no necesito mucho relleno:  

 

 

  

He hecho estas empanadillas con la mitad de la masa de hacer una empanada de guisantes

 

2. Estiro la masa y la preparo para darle la forma típica de la empanadilla, para lo cual hacéis un círculo ayudándoos de una platito o mejor de un aro y lo cortáis por el filo:

 

 

 

3. Le colocáis el relleno en el centro, procurando apretarlo todo bien, y lo dobláis justo por la mitad para formar una media luna; y para cerrarlas  simplemente juntáis los bordes y apretáis bien las dos tapas, o podéis hacerles un cordoncito para que queden con mejor presentación: 

 

 

 

 

 

 

4. Las pintáis con huevo batido, las metéis en un horno precalentado a 190º y a cocer durante una media hora:

 

 

6. Pasado ese tiempo, estarán cocidas y saldrán con este bonito color:

 

 

 

 4. Y ahí las tenéis abiertas, con una masa muy hojaldrada y un relleno apetitoso de pisto y bonito. Buenísimas y estupendas para un picnic para dos:

 

 

 

 

 

BON APPÉTIT & GOOD LUCK !!!!!!!!!!!!!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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