LA COCINA COMO TERAPIA
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Escalibada

 

La escalibada (o "escalivada") parece que es una receta típica catalana, pero yo la he visto innumerables veces en toda la franja levantina, donde la probé por primera vez. Cuando acudes a Wikipedia, te enteras de que el verbo proviene del catalán "escalivar" ("asar al rescoldo") y por eso, era muy usual en las zonas rurales; consiste, por tanto, en asar al fuego, horno o parrilla una serie de verduras: berenjena, pimiento, cebolla, tomate y ajo; yo incluso le añado calabacín y siempre una patata. Es un plato muy apetitoso para el verano, porque tiene pocas calorías y se come frío o templado; y además es muy rico en fibra.

 

  

Yo suelo hacerla en esta época del año cuando las verduras típicas de la escalibada están en su punto, y además son muy baratas. Me encantaría preparar una escalibada con las verduras asadas al rescoldo, pero de estas rarezas ya hay que olvidarse. Siempre le pongo a la escalibada patatas asadas por puros motivos sentimentales, ya que creo que la cocina es mitad conocimiento, mitad sentimiento. Lo que, a veces, me pasa es que escribir estos textos culinarios es una forma de rememorar momentos felices y lo hago por puro placer personal de revivirlos, pero luego cuando abro la página y me veo  las muchas personas que han estado en ella, entonces me da mucha vergüenza de que estas reflexiones tan personales lleguen a tanta gente desconocida. Pero supongo que eso es la escritura, una actividda íntima, que luego es compartida por los lectores. 

 

Cuando era niña y llegaba el verano, nos llevaban a una hermosa arboleda de eucaliptos gigantes, sobre una alfombra de hierba y florecillas salvajes, y allí asábamos patatas al rescoldo. La idea de que pasáramos la tarde en aquel lugar, provenía de la creencia de que  respirar el aroma de estos árboles tenía toda clase de propiedades terapéuticas, sobre todo, evitaría los catarros del invierno, y nos libraría de bronquitis, artritis, y de cosas peores como la tuberculosis. Cuando llegábamos, lo primero que hacíamos era recoger la leña y las hojas brillantes, verdosas y aromáticas de los eucapliptos, y también una especie de piel que los cubre y cuando la arrancas sale a tiras, como si fuera cuero fino, y es muy bueno para prender el fuego, amén de utilizarlo en la confección de cestas y sandalias. Yo distinguía perfectamente cada eucalipto e incluso podría describirlos. Esto me recuerda a una novela de Murray Bail en donde un tal Sr. Holland concedería la mano de su pecosa hija, Ellen, al hombre que nombrase cada eucalipto de su hacienda; en mi caso, no podría decir la clase de eucalipto ya que todos pertenecían al mismo tipo, pero sí podría ofrecer un rasgo característico de cada uno de ellos.

 

 

 

Con todo esto se hacía una buena hoguera y se dejaba hasta que sólo quedaban los rescoldos, entonces se echaban las patatas y se asaban; patatas que cogíamos (o más bien las "robábamos" de un sembrado cercano, aunque nadie nunca lo consideró tal cosa, de cualquier sembrado cercano); después nos íbamos a jugar a todo, porque había que esperar a que las patatas se cocieran y ¡aquello tardaba (o  a mí me lo parecía) una eternidad!; en aquella etapa de la vida el tiempo pasaba muy lentamente. De juego en juego, íbamos a preguntar a las muchachas, que estaban tumbadas debajo de los eucaliptos, o sentadas charlando de sus cosas, cuánto faltaba para comerlas, pero contestaban siempre lo mismo: "¡Pero ya estáis otra vez aquí!"; y así  volvíamos de nuevo a lo nuestro, y después de estar ya hartos de tanto jugar, llamaban a gritos porque las patatas ya estaban asadas, y a veces hasta quemadas. ¡Qué delicia!, ¡Qué milagro de la naturaleza! No podíamos esperar ni un segundo a que se enfriasen sino que, ardiendo y soplando, las engullíamos de momento. Y ya llegaba el momento de regresar... Eso era sólo en verano; un día dijeron que aquellos centenarios eucaliptos los iban a talar porque iban a construir un Instituto Laboral, ¡yo no podía creer semejante desdicha", ¿qué sería de nosotros en el invierno?, ¡mejor hubiera sido que construyeran un hospital, por las muchas enfermedades que ahora padeceríamos, por no respirar el aroma de los eucaliptos! ¿cómo iba ahora a llenar mi habitación de "carabullitos"?, aquellas bayas con una forma caprichosa de botón de madera, en las que, a buen seguro, Dios dedicó más tiempo en diseñar que otros objetos; según mi muchacha (y viniendo de ella, ni se me pasaba por la cabeza que no era cierto) ahuyentaban todos los malos espíritus del mundo. Pero lo que a mí más me molestaba era lo contento que estaba todo el mundo. Al verano siguiente ya no volvimos, ni al siguiente, ni nunca más. Ahora comprábamos en la farmacia las hojas del eucalipto, que mi madre ponía en una cacerola sobre un infiernillo para que inhalásemos los vahos cuando nos acatarrábamos, porque según ella eran remedio santo.

 

 

 

 

Creo que por esta razón, me gusta poner siempre una patata en la escalibada, para rememorar aquellas largas y felices tardes del verano de mi niñez.

 

Ingredientes:

 

 

Cantidades, a gusto del consumidor:

 

Pimientos rojos carnosos

 Berenjenas

 Cebollas 

 Opcional: Tomate, patata, calabacín, ajos o cualquier otra verdura de asar. 

 

 

Elaboración:

 

1. Se colocan las verduras en una fuente de horno que se perecalentará a 200º.  Luego se baja a unos 180º. Se colocan las berenjenas, pimientos, cebollas, tomates, patatas, calabacín, etc. en una bandeja que colocamos en el medio del horno.  Aproximadamente a los 25 minutos,  damos la vuelta al pimiento, berenjena, patata y cebolla, (a los tomates y calabacines no). Apagamos el fuego a los 45 minutos, después de comprobar que están hechos.

 

 

 

2. Los tapamos con papel de periódico o albal, dejándolos reposar unos 20 minutos. Es importante que estén tapadas un rato para que se pelen mejor, excepto los tomates que no los cubro.

3. Luego cuando lo sacamos del horno se pelará todo y se extraerán las semillas del pimiento, excepto los tomates que sólo los pelo. La carne de todo ello se deja escurrir bien en un colador, y luego lo pongo en una bandeja de servir con papel de cocina para que termine de absorber el líquido. 

 

 

 

4. Una vez que están todas las hortalizas peladas,  corto tiras a lo largo y, combinándolas, las voy poniendo en la fuente. Los tomates los dejo enteros y las patatas y cebollas las corto a trozos.

 

 

 

 

5. Se puede añadir dientes de ajo picados, pero yo prefiero echar por encima un  aceite de ajo (que es aceite de oliva  al que se le añaden unos dientes de ajo para  aromatizarlo y se deja algunos días);  lo sazono con sal y  a la mesa.

 

 

 

 

BON MENJAR!!!!!!!!!!!

 

 

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