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Los Felipes: el pastelito granadino

de la feria taurina el Corpus Christi

 


"El felipe", o "los felipes", son pastelitos típicos granadinos, que se comen principalmente en la época de la fería granadina del corpus Christi; su forma es el de un pastel miniatura, redondo y cubierto de merengue seco; en su interior contiene un bizcocho muy fino y delicado, con dos capas, rellenas de fina crema pastelera y cubiertos con abundante merengue italiano, que luego irá a un horno muy tibio, de unos 50º,  para que el merengue de fuera se endurezca mientras que el merengue interior del pastel queda muy jugoso. En general, los felipes son pequeños y rechonchos, y por eso se comen  a pares; personalmente, pienso que su diminuto tamaño tiene que ver con que su ingesta ideal es en  las corridas de toros granadinas donde se comen con la mano. Es curioso que actualmente varias acreditadas pastelerías granadinas han cambiado su tamaño por el de un pastel normal, con lo que se aligera su costosa elaboración, y facilita que tanto el merengue como la crema pastelera están más jugosos, pero les hace perder su legendaria forma de miniatura.  No sé si es buena o mala idea pero cuando me decidí a hacerlos pensé que el pastel normal simplificaría el trabajo de moros de su elaboración, nunca mejor dicho y, asimismo, evitaría esa tendencia a que el felipe se seque tan rápidamente; en mi receta también me ahorré la elaboración del bizcocho, un paso laborioso en la receta; comprando unos riquísimos bizcochitos muy ad hoc para este pastel, que se venden en muchos sitios, a un precio moderado. (Foto mía de la pastelería "Los Artesanos").

 

 

 

 

"El felipe" tiene un origen incierto aunque lo atribuyen a la época de Felipe II, pero yo pienso que son de origen árabe como sus parientes cercanos los famosos "roscos de Loja",  cuya clara procedencia árabe no se cuestiona.  En ambas recetas, se ha dado el fenómeno del secretismo; tengo que confesar que, después de un trabajo "serio" de localización, no he podido encontrar ni una sola receta de los "felipes" ni tampoco de los "roscos de Loja", lo cual me ha obligado a diseccionar el pastel para averiguar su modo de preparación como si de una muestra de forensía se tratase; todo lo cual me ha parecido muy intrigante y detectivesco. (Foto de abajo: Roscos de Loja)

 


 

 

 

La primera vez que vi estos pastelitos fue en una corrida de toros del Corpus granadino. Yo no había visto nunca el color anaranjado del albero; bueno, no exactamente, en mi pueblo había una plaza de toros en donde, cuando yo era muy pequeña, se celebraban corridas, que veíamos desde la terraza de mi casa; hasta que un año un toro saltó la barrera y creo que ahí estuvo el final del festejo taurino. Pero, en nuestras primeras fiestas del Corpus, fuimos a ver a Curro Romero, porque uno iba a ver al mítico torero, con independencia de los otros matadores de la terna. En aquella corrida aprendí todo lo que sé del arte taurino; estábamos situados en un asiento de sol con verdaderos aficionados. En cuanto los toreros asomaron por el puerta, los curristas se manifestaron como tal, coreando el nombre de su ídolo como si de la Macarena se tratase; para ellos, el paseíllo del maestro era toda una declaración de intenciones. No más salió el toro, mi vecino dijo a gritos que el toro estaba bizco, ¡tal agudeza visual me dejó sorprendida!, hasta que mi marido me explicó que eso en el lenguaje taurino quería decir que no tenía los cuernos en posición paralela, o algo así; mi vecino de asiento que no se dirigía a mí sino a su panda, que estaba animadísima, radiaba la corrida como si de un partido de fútbol se tratase; con la faena de Curro Romero se incendiaba porque "el maestro" no parecía tener una buena tarde, mejor dicho, era una de esas tardes, que en palabras del propio matador, los toros ya vienen toreados y sólo hay que darles dos capotazos antes de pasar a matar. A pesar del rotundo fracaso, los curristas incondicionales pasaban del lamento a la rememoración de otras tardes de gloria; en el fondo, lo aceptaban como si se tratase de una maldición de la que no podían escapar, pero estaban convencidos, de que antes o después, disfrutarían de otra nueva "faena de su vida", y eso les compensaba las innumerables malas, malísimas, tardes a las que el maestro les tenía acostumbrados. Una gran parte de los espectadores silbaban, y alguno que otro dijo: "¡Curro, el año que viene va a venir a verte tu madre... y yo!" porque los seguidores de Curro Romero salían de la plaza con el convencimiento de que volverían a gozar de su arte. 

 

 

 

Volvamos a "los felipes", que son el tema de esta anécdota. Cuando ya llevábamos dos horas, se produjo el receso de "la merienda". Aquello era totalmente inesperado, ¿por qué nadie nos había avisado de tal cosa?. En el tendido de sol, donde se sentaban las clases populares, "aquel llamado tentempié" consistía en unos bocadillos de chorizo, que no se los saltaba un gitano, regado con el vino que se bebía directamente de la bota; finalmente, se sacaban las cajitas de los "felipes", costumbre que democráticamente compartían todos los tendidos. ¡Qué maravilla de pastelitos, tan blancos, tan bonitos, tan exquisitos!; se los comían de dos en dos, o de tres en tres, previendo que la tarde se presentase sin faena y el único sabor dulce fuera el de este pastelito. De aquella tarde saqué, además de una buena lección de toros, el juramento que me hice a mí misma de que, como Escarlata O'Hara: "¡Jamás volvería a pasar hambre y a desear, con tanto anhelo, un bocadillo de chorizo y unos "felipes"!"

 

En alguna ocasión fuimos a sombra pero aquello no era tan divertido; y hasta un año nos invitaron al palco del ayuntamiento; todavía me pregunto cómo aterrizamos allí; dudo que mi marido accediese a tal invitación (¡a él que no le gustan ni los toros ni las cuchipandas sociales! (y ésta era como el palco del Bernabéu);  aquello sí que era "una merienda de toros", preparada por una reputada confitería granadina en donde a los salados (medias noches, pequeños sandwiches, variados hojaldres, rollitos de jamón de york con huevo hilado, dátiles con bacon, pitisús de espárragos, y que se yo qué otras exquisiteces), acompañadas de un buen fino servido por camareros como dios manda, seguían los pastelitos miniatura, en donde "los felipes" eran obligados en una tarde de Feria; y esto duraba mucho más que la media hora de la merienda del tendido de sol, duraba hasta casi el quinto o sexto toro cuando se servía la famosa tarta de los italianos con champán. Pero de esa corrida no recuerdo ni quién toreaba ni si la faena fue buena o mala, pero no olvidaré lo inapropiado de nuestra vestimenta, que nos hacía destacar entre tanta elegancia y tronío, porque entonces ignorábamos que en Corpus y en los toros uno se acicala con sus mejores galas y, si eres mujer, con tus más preciadas joyas y mantones... ¡Una excusa para mostrar quién es quién en la ciudad!

 

 

 

 

Ingredientes:

 

 

 

 

-unos bizcochitos esponjosos, redondos o ovalados, que se venden en muchas bollerías. Los mostachones granadinos, bizcochos de soletilla redondos hacen unos magníficos "felipes"

-crema pastelera (véase aquí la receta)

-merengue



Receta del merenge:

 

 

 


4 claras atemperatura ambiente

250 gr. de azúcar

125 ml. de agua

unas gotas de limón

 

 

Elaboración:

 

Primero prepararemos el merengue:

 

1. Colocáis el azúcar y el agua y lo disolvéis bien para hacer un almíbar. Una vez disuelto el azúcar en el agua,  lo ponéis a hervir y lo dejáis cocer 15 minutos hasta conseguir el punto de bola (con estas medidas y este tiempo os saldrá perfecto): 

 

  

 

 

2. Mientras se cocina el almibar, subís las claras a punto de nieve, que deben estar a temperatura ambiente y sin rastro de yema,  en  una batidora eléctrica con 4 gotas de limón y lo batís hasta que llega a un punto nieve donde se quedará sólido en el cuchillo o la cuchara y si le dais la vuelta no se vuelca ni resbala (el limón las endurecerá y les proporcionará un bonito color blanco):

 

 

 

 

 

3. Cuando el almíbar está en su punto,  lo echáis caliente pero no hirviendo en el merengue, en forma de hilo y muy despacito; y seguís batiendo en la batidora eléctrica, primero despacio y luego más rápido hasta que la mezcla se va enfriando y se queda templada (unos 20 minutos):

 

  

4. Pasado este tiempo, la preparación tendrá una consistencia firme y estará tibia. Ahora ya podéis utilizar la hermosura de este merengue:

 

 

5. Si queréis que el merengue os quede todavía más duro, podéis añadirle ahora una o dos cucharadas de azúcar glas.

 

Preparación del "Felipe":

1. Compráis unos bizcochos ovalados o redondos (o cualquier otro, también podéis hacerlos con la receta de una plancha de bizcocho del brazo de gitano que vais cortando en círculos) , o incluso bizcochos de soletilla, los partís por la mitad y los rellenáis por dentro con la crema pastelera, y en la parte de arriba les cubrís con otra capa:

 

 

 

 

 

 

 

 

2. Colocáis los bizcochos rellenos en una bandeja de horno y las vais tapando con otro revestimiento de merengue como de unos 2 o 3 cms. Ahora ya los metéis en el horno  a 50º, que es una temperatura muy baja, y los dejáis tal cual durante dos horas para que la capa de arriba se endurezca, mientras que lo de dentro se mantendrá jugoso:

 

3. Y ahí los tenéis, ya colocados en la bandeja, crujientes por fuera:

 

 


4. ... y bien jugosos por dentro, con su esponjoso bizcocho, su deliciosa crema pastelera y su maravilloso merengue. Me parece un pastel elegante y "finísimo" (cuando era joven la palabra "finísimo" me parecía muy cursi y de personas mayores) pero con estos pastelitos el adjetivo obligado es "finísimo" (o a lo mejor es que realmente no puedo evitar que soy mayor): 

 

 

 


BON APPÉTIT AND GOOD LUCK !!!!!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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