LA COCINA COMO TERAPIA
COCINATERAPIA
Portada
ÍNDICE DEL LIBRO DIG
Recetas alfabéticas
NAVIDAD RAPE ALANGOS
Inicio
NOVEDAD LIB DIGITAL
NOVEDADES IMPORTANTE
NAVIDAD 2012
NAVIDAD 2014
HALLOWEEN
Recetas para crisis
Ensaladas/verduras
Recetas populares
Recetas suntuosas
Sopa/gazpacho/cremas
Recetas básicas
Recetas vintage
Otras cocinas
Cocina francesa
Cocina italiana
Bollería y galletas
Helados
Postres
Natillas
Torta de almendra
Leche frita
Tarta de Mondoñedo
Pastisset boniato
Roscón de reyes
Lionesas crema
Lionesas trufa
Marron glacé
Tarta florentina
Confituras
Cocina para regalos
Contacto

 

 

Guillermo Brown y el manjar blanco:

en busca del dulce soñado

 

El otro día, buscando algo en la web del proyecto Gutenberg —esa maravillosa biblioteca electrónica donde, a golpe de tick, podemos bajarnos gratis casi toda la literatura universal—, me encontré casualmente con "Las aventuras de Guillermo Brown" ("Just William"), de la autora inglesa Richmal Crompton, un libros que tantos momentos felices me proporcionó en mi niñez: y, ni corta ni perezosa, decidí bajármelo para reencontrarme con el mundo de Guillermo, en el episodio de "Guillermo y el Manjar Blanco". Es curioso como libros que nos han parecidos estupendos en un momento de nuestras vidas,  se nos caen de las manos en una segunda lectura; en este caso, fue todo lo contrario y desde una perspectiva adulta, descubrí  que Guillermo representa la imagen de un espíritu rebelde y contestatario, que pretende desafiar la mentalidad de una sociedad hipócrita, esnobista, y poco compasiva. En definitiva, un texto más para adultos que para niños.

 

 

 

 

 

Guillermo Brown es una muchacho de once años, criado en una familia burguesa de la campiña británica,  de aspecto desaliñado para los cánones de la época (calcetines caídos, pelo revuelto, uñas negras, cardenales por doquier...), y siempre con una gorra en donde oculta alguno de sus preciados tesoros, (lagartijas, agua de regaliz, un ratón muerto, etc.). 

 

 

 

 

Guillermo, en compañía de sus fieles amigos  —la pandilla de los Proscritos—, acude a su desbordante imaginación y a su romanticismo aventurero para, ponerse al servicio de los más desfavorecidos, como un quijote cualquiera; esto le lleva a travestirse en los más variopintos personajes: actor, bandido, predicador, aventurero, piel roja, contrabandista, santo, policía, etc.—; y de estas aventuras sale siempre trasquilado y maltrecho, con la consiguiente regañina y castigo de sus padres; personalmente, de todas las virtudes de mi admirado Guillermo lo que he admirado por encima de todo, es su eterno optimismo y su incansable búsqueda de la felicidad, muy poco acorde con el puritanismo británico imperante. 

 

 

 

 

El episodio, que hace que el protagonista entre en este web de cocina por la puerta grande, es un pastel de nombre sugerente y origen francés, "El manjar blanco", muy popular en la posguerra por la sencillez de sus ingredientes, y además por ser uno de los dulces favoritos de este travieso personaje. En el capítulo que acabo de leer, el siempre "caballeroso" Guillermo decide hacerse amigo de su nueva vecina, prometiéndole un trozo del manjar blanco, por el que la niña siente verdadera pasión; para ello, el muchacho deberá primero sobornar a la cocinera, y más tarde encerrarse en la despensa, en donde él mismo dará buena cuenta de este exquisito pastel, y finalmente tendrá que salir huyendo de su padre y de la cocinera, arramblando, por equivocación, con un pastel de arroz, para nada del gusto de su nueva conquista.

 

 

 

 

Con esta aventura de Guillermo, que me recordado sus estupendas diabluras, no he podido dejar de contagiarme del optimismo y energía vital que transmite, poco acorde con el mundo desconfiado y pesimista, en que nos movemos.  Es curioso que el recuerdo de este exótico pastel, junto con otras golosinas como la siempre presente agua de regaliz, se han mantenido en mi retina desde que tuve constancia de su existencia; y esto es lo que me ha llevado a preguntarme.  ¿Por qué no reproducir esta quimérica y tan ansiada receta?

 

 

 

Y, sin pensarlo dos veces, me he puesto a la búsqueda de información sobre  "el manjar blanco" y su elaboración; ese pastel antiquísimo, que data de la Edad Media (siglo XII)  llevaba pechuga de pollo, almidón de arroz, azúcar, almendras y leche. Se hacía en varias partes de Europa y de ahí sus diferentes nombres: manjar blanc en catalán, blanc-manger en francés, mangiare bianco en italiano, blancmange en inglés, y Flammeri en alemán. El ingrediente de la pechuga se perdió pronto y se añadió el limón y la canela. Su mayoy popularidda tuvo lugar en la Inglaterra de la posguerra; en España todavía se fabrica en zonas de Valencia, Cataluña y Aragón.  

La foto de abajo es una imagen del blancmange, quizá una versión muy similar a la que se cocinaba en casa de Guillermo. 

 

 

 

 

Resultado final: 

La mayoría de mis recetas están acompañadas de comentarios muy laudatorios, pero me gustaría aclarar que ello es así porque están recetas seleccionadas muy cuidadosamente y dejo para el cubo de la basura muchos experimentos que no merecen otra cosa.  Entre ellos, estaría esta preparación, no por rematadamente mala, quizá para el hambre de la posquerra supondría una exquisitez, pero en el grado de sofisticación de la repostería actual no tendría cabida. Sabe a azúcar y limón y su textura no es del todo mala, pero a mi me resulta soso y mediocre. Sin embargo, mi madre solía hacer un manjar blanco con una lata de leche de coco que le traía una amiga de Cuba, y que estaba delicioso. Hoy esa leche se vende en todos los sitios y para los amantes del coco es una estupenda receta. Os la subiré unos de estos días. 

 

 

Ingredientes:

 

 

 

 

un litro de leche de almendras

un limón rallado

canela

200 g de azúcar

100 g de maicena, o harina de arroz

una cucharadita de vainilla

 

 

Elaboración:

 

1. Se aparta un vaso de leche, y  el resto se cuece con la canela y la ralladura del limón durante de 5 a 10 minutos.

 

 

 


2.  Se  agrega la maicena a la leche fría que habíamos apartado y se dehace bien para que no queden grumos. 

 

 

 

 

 

 

3. Se incorpora esta mezcla a la leche caliente que hemos hervido, y se empieza a remover a fuego lento hasta que espesa (unos 5 a 10 minutos) ;  a continuación, ya se agrega la cucharita de vainilla, que le va a hacer perder el color tan color blanco de la mezcla anterior:

 

 

 

 

4. Finalmente, le añadimos el azúcar y seguimos removiendo. En menos de un cuarto de hora, el dulce estará listo. 

 

 

 

 

5. Debemos colocarlo en un molde, que enjuamos y no secamos, y le colocamos esta mezcla espesa, que irá a la nevera durante dos o tres horas, y pasado este tiempo se le podrá  dar la vuelta con gran facilidad.


 

 


6. Se puede servir con un espurreado de canela, o con alguna mermelada por encima, como yo lo hice.

 

 

 

 

 

 

Versión de mi  casa. Próximamente

 

Top
COCINATERAPIA | abronte@hotmail.com
UA-30383234-1