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Elaboración:


Voy a cocinar hoy un bacalao que se hacía en mi casa y que es de origen portugués; en el libro de Cunqueiro y Filgueira (2004) lo denominan "bacalao a la salsa de vieira" porque su preparación es casi exacta a la de la salsa con que se acompañan las vieras al horno, tan típica de los restaurantes de Santiago de Compostela. Mi receta presenta algunas diferencias de la receta de Cunqueiro y Filgueira. Yo voy  a cocinarlo con el bacalao desalado de Pescanova que le va muy bien a esta receta, y nos ahorra el problema del desalado.

 


 

1. En primer lugar, corta y pica las cebolletas o cebollas con los ajos, el pimiento verde y el perejil picado y lo pones a dorar hasta que esté todo muy meloso (unos 15 o 20 minutos por lo menos).

 

 

 

 

 

2. Lava el bacalao congelado para quitarle lo salado (aunque se supone que está desalado); o si lo haces con el salado desmigado usa el método tradicional para desalar (ver sección Advertencias), que necesitará de 2, 4 o 6 horas, dependiendo del grosor (cambiar el agua dos veces).

 

 

 

 

 

3. Sigue revolviendo y cociendo el mejunje anterior hasta que esté  ligeramente dorado. Entonces añade el bacalao.

 

 

 

 

4. A continuación, el vino de Oporto o Jerez, o cualquier blanco normal.

 

 

 

5. También necesitas un poco más de líquido, y así añadiremos agua. Para 4 patatas con otro vasito del equivalente de vino (la medida de cada vaso será de unos 150 ml. o 200 ml. tendréis bastante; claro que siempre depende de la clase de patata). Ahora ya puedes añadirle un cubito (o medio) de caldo de carne y probarlo, no tiene que estar salado pero sí bien sabroso.

 




6. Por último, añade el azafrán pulverizado. Si no tienes ganas de hacer la "historia" del azafrán, cómpralo en polvo (Carmencita o Ducros) pero que no te den colorante (lo que en mi pueblo se llama condifrán). ¡Cuidado, el azafrán siempre al final, porque si lo ponéis muy pronto pierde el gusto!


 

 

7. Ya están todos los ingredientes; ahora hay que cocerlo todo durante unos 15 o 20 minutos para que el bacalao suelte el sabor y el azafrán aromatice con ese sabor único, y también le dé ese bonito color dorado. Fíjate como el bacalo se ha deshecho, por tanto si las migas son menudas no importa nada, porque al final se pierde el grosor.

 

 

 



8. Mientras va cociendo el bacalao, pela las patatas con el grosor y la forma que ves en la foto.



 


8. Fríelas en freidora o sartén, y déjalas escurrir bien.



9. Coloca las patatas y vierte la mezcla por encima. Ya ves que el bacalao se deshace, por eso no importa, como acabo de comentar, que la miga sea más o menos gruesa porque al final el resultado es el mismo.



 


 


10. ¡Cuidado con el líquido! Debe tener el líquido (oporto y agua) suficiente: ni  seco ni muy aguado (la patata en el horno lo absorbe y es lo que hace al guiso tan sabroso). Creo que las cantidades que te doy son apropiadas (de todas maneras, dependerá de la clase de las patatas). Si al final lo ves muy seco añade un poco más de agua caliente con un cuarto de cubito disuelto. Mira el líquido de la foto antes de ir al horno. En la foto podrás apreciar como el líquido está en el fondo de la rustidera.

 

 

 



11. Espolvorea con pan rallado y al horno. Esta es la apariencia que debe tener la fuente de horno.


 

 

 



12.  Debe estar en un horno fuerte (200 grados) durante 15 o 20 minutos, que verás hervir y chisporrotear. Debe salir del horno ligeramente gratinado para que no se note mucho el pan rallado. Si lo acompañáis con una buena ensalada y no tocáis el tema político, tendréis una comida muy agradable. Un flan o unas natillas con bolas de nieve también ayudarán.






Perdonad por el mantel (bordado por mi madre como el que "no quiere la cosa") que ha salido un poco arrugado. Mi madre, que estaba en todo, me diría: "Nena, como has colocado de mal el mantel, que se ven las arrugas. Verdaderamente, un mantel que no esté bien planchado estropea la receta; es que lo haces todo muy atropellado... y los milagros sólo los hace Dios". Os juro que lo he planchado pero en un santiamén.  ¡Con la prisa y el fotógrafo que no ha apreciado el pequeño detalle de las arrugas ...!


Este plato se comía en mi casa durante la Cuaresma y Semana Santa. Las mimosas de la foto son la primera floración del año, con su precioso color amarillo y su perfume inconfundible de la llegada de la primavera y el final del sombrío invierno. ¡Me encantan las mimosas, son flores agrestes e independientes que crecen en árboles sin dueño!

 













 

 

 

 

 

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