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 Pastel inteligente

 

 

 

Hace ya tiempo que circula por internet un pastel que se califica como "inteligente" y cuando lo he visto me ha parecido muy sorprendente. Su virtud consiste en que partiendo de una única masa, al hornearlo adopta diferentes formas culinarias, que van desde un bizcocho a una crema blanda y cremosa que se asemeja a un flan o una crema pastelera y finalmente a una capa densa y compacta propia de un pudding.  Parece que es de origen rumano y se llama  "Prajitura Desteapta' (más o menos traducido como "cake inteligente' o "smart cake" ). Este extraordinario pastel está siendo tan popular en el ámbito culinario que ha producido numerosas versiones (con chocolate blanco  negro, coco o diferentes confituras).

 

 

 

 

Lo primero que uno se cuestiona ante este extraordinario pastel es si se utiliza algún tipo alquimia que origina este triple proceso, (en las recetas inglesas lo denominan "magic tart" o "magic cake") o si los pasteles, o los objetos  inanimados en general, poseen algún tipo de inteligencia o cognición. 

 

Desde la antigüedad hemos conocido el fenómeno del "animismo" como el extraño y misterioso fenómeno que defiende que no sólo los animales tienen “anima”, sino incluso los objetos que, como obra directa del Creador, han merecido ser adorados e incluso valorados en numerosas culturas como parte de la "chispa divina" que reside en todo. En culturas primitivas se dan innumerables ejemplos, los judíos atribuyen un valor sacrosanto a un monte (el Sinaí) o los árabes a una piedra (La Kaaba de la Meca). Y esto también es aplicable  a objetos de la vida cotidiana, como decía el francés Teilhard de Chardin, defendiendo el trato especial que le damos a algunas de nuestros objetos queridos, por su belleza o simplemente por su utilidad,  "tenemos que reconocer que las cosas tienen su interior". Esto es especialmente defendible si tenemos en cuenta el afecto a veces muy profundo y exagerado que sentimos por cosas que nos "han servido" prologada y lealmente; por ejemplo, aplicado  a la cocina, nos resistimos a desechar viejos utensilios de cocina (en mi caso, un molde viejo y oxidado, una cucharada de palo, un trapo de cocino que perteneció  a tu bisabuela), que han pertenecido a nuestra familia durante generaciones, porque en el fondo sentimos que poseen un efecto benéfico que contribuye al éxito de nuestras preparaciones culinarias.

 

 

 

 

 

La segunda cuestión que planteaba al comienzo era si los seres inanimados tienen algún tipo de inteligencia. Se ha pretendido defender  por algunos que la materia, o al menos  alguna forma de ella, poseen inteligencia. Ello es difícimente justificable puesto que, básicamente, la inteligencia exige la presencia previa de conciencia. No obstante y para, de algún modo, explicar por qué este pastel merece el apellido de inteligente, podríase recurrir al caso de los virus, seres a caballo entre materia y vida,  puesto que son fracciones de elementos genéticos o cromosómicos, que son capaces de, por ejemplo, en el caso del virus del sida destruir selectivamente los mecanismos de defensa de los seres vivos multicelularaes. No obstante, más razonable parece defender la tesis que defienta que la materia carece de inteligencia y sus comportamientos aparentemente se limitan a seguir elementales características físicas que les conciernen como, por ejemplo, la gravedad, la temperatura y la densidad. Y éste es el caso de este pastel que sigue al pie de la letra las leyes de la gravedad y densidad de las cosas. Lo cual no quita para que nuestros conceptos sobre el animismo o la inteligencia de las cosas cambien radicalmente cuando los adelantos de la física nuclear aclaren definitivamente la naturaleza de las partículas subatómicas.

 

Hoy en día la publicidad nos bombardea con anuncios de objetos que tiene como virtud esencial su inteligencia: relojes, casas, coches e incluso ciudades, que van acompañadas del adjetivo anglosajón "smart" ("inteligente"). Y de todos es bien conocido que contienen un artilugio informático que posee unos sensores que lo capacitan para captar datos y ejecutarlos. Por ejemplo, un edificio inteligente o domótico está programado para gestionar la climatización, iluminación, y seguridad, entre otras cosas. Esto es lo que ha llevado a decir a los profesionales de la comunicación de que la "era de la  Información" ha dado paso  a "la era de la Inteligencia".

 

 

 Ingredientes:

 

 

 

4 huevos (separados yemas de claras)

1 cucharada de agua templada

150 g. de azúcar

125 g. de mantequilla líquida, que podéis derretir en el microondas

115 g. de harina

500 ml. leche  (medio litro)

una cucharada de extracto de vainilla

la piel de un limón rallado


Elaboración:

 

1. Empezamos por preparar el molde que suelo cubrir con papel sulfurizado o de silicona que arrugo bien primero y luego le unto un poco de mantequilla derretida. Si queréis que el papel coja bien la forma, lo pegáis bien  a la fuente y le ponéis unas pinzas de la ropa. El molde no debe ser muy grande para que el pastel quede altito y se vean bien las capas (éste es de 20X20 cm.).

 

 

 


 

 

2. Separáis las yemas de la claras con cuidado de que no se os rompa la yema y le se mezcle con la clara. Batís las claras a punto de nieve con unas gotas de limón para que se haga antes y endurezca mejor.  Una vez bien duras las retiráis para luego. Yo lo he hecho todo con batidora eléctrica porque si no me llevaría una eternidad:

 

 

 

 

 

3. Hacéis lo mismo con las yemas a las que mezcláis con el azúcar hasta que doblen el volumen:

 

 

 

 


4. Ahora, ya vais agregando los demás ingredientes: una cucharada de agua templada,  mantequilla líquida que tenéis preparada, la ralladura del limón, y una cucharada de extracto de vainilla:

 

 

 

 

 

 

 

 

5. Removéis bien y ya vais agregando la leche templada poco a poco y mientras batís hasta que está todo bien mezclado. El aspecto debido  ala mantequilla será un poco grumoso:

 

 

 

 

 

 

 

6. Volcáis la harina tamizada por un colador y seguís removiendo en batidora pero ya lo justo para que se amalgame con la mezcla:


 


 


 


7. Finalmente, le vais incorporando poco a poco la clara batida con un batidor manual; en el molde podéis ver que la clara os quedará arriba y será la capa abizcochada que presenta el pastel en la parte superior:

 

 

 

 


 

 



 


8. Con horno precalentado, metéis la fuente a hornear y la tenéis 10 minutos a 180º, e inmediatamente bajáis a 16º durante otros 35 o 40 minutos. Si veis que vuestro horno lo tuesta demasiado, colocarle un papel albal por encima:


 


9. Ha pasado ese tiempo, y compruebo con una aguja que está cocido así que apago el horno y lo retiro. No lo muevo hasta que esté completamente frío y entonces le espurreé el azúcar glas. Aunque la gente no lo desmolda y lo sirve en la fuente del horno, yo sí lo hice sin ningún problema y luego  lo serví en trocitos rectangulares:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10. Cuando cortáis el pastel ya podéis comprobar el efecto de las tres capas, que talmente parece que se han añadido por separado: el bizcocho de arriba, el flan del medio y la masa densa del fondo que parece de un pudding.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BON APPÉTIT AND GOOD LUCK!!!!!!!!!!

 

 

 

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