LA COCINA COMO TERAPIA
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Pollo campero al oporto con gambas,

almendras y pimientos morrones

 

 

 

 

 

Una de mis recuerdos de las visitas a la casa de mi abuela es que, casi sin saludar, me iba  despavorida a darle de comer a las gallinas; en una bolsa vieja que colgaba del gallinero estaba el maíz, que les arrojaba a puñados con el soniquete de: "Churras, churras, churriñas..."; y, a continuación, me iba a comprobar si habían puesto algún huevo. Supongo que lo primero respondía a un patrón muy mío ("dar de comer a quienquiera que tenga hambre"),  que mantendría durante el resto de mi vida; y en cuanto a la expectación por los huevos, o la expectación por cualquier otra cosa de la vida, también ha estado muy arraigado en mi carácter; siempre, consciente o inconscientemente, me ha gustado crear nuevas expectativas en mi vida; un sentimiento que ha sido una mezcla de interés, curiosidad, esperanza e incertidumbre y, de alguna manera, me ha ayudado a combatir el tedio y la indiferencia de la vida cotidiana. Todavía hay gente que me pregunta cómo me he metido en este último follón culinario, y si no estaría mucho mejor llevando una vida tranquila, que es lo que correspondería a mi edad.

 

 

 

 

 

A propósito de las gallinas y de los pollos,  cuya carne  es hoy una de las  más baratas del mercado, tengo que decir que no siempre fue así. Cuando yo era niña, el pollo se tomaba en las Navidades, en las celebraciones de los santos, y algún que otro domingo. La diferencia con el pollo de hoy es que se consideraba un  manjar exquisito, quizá porque al estar alimentado de restos de comida casera y  grano, y criarse en semilibertad, producía una carne muy sabrosa de textura firme. Al pollo de entonces no se le añadía el término "campero" para prestigiarlo, porque todos eran camperos, es decir, vivían libres en el campo o en sus  gallineros.

 

 

 

 

 

 

Los pollos de aquella época eran animales que, rodeados de hermosas y pachorras gallinas siempre bajo la mirada  altiva y controladora del gallo, adornaban cualquier mesa que se preciara; pero un buen día, a finales de los años 50 del pasado siglo, cayó en desgracia y se convirtió en el hazmerreir de los alimentos domésticos.  ¡Pobre pollo, los especuladores lo hacinaron en esas terribles granjas intensivas y se vio obligado a comer pienso industrial (según las malas lengua, mezclado con hormonas), con el propósito de obtener un rendimiento más alto y satisfacer la demanda a precios asequibles.  Esto, sin duda, afectó tanto a la dignidad del pollo que su carne se volvió blanda e insípida. Pero lo peor de todo, lo mejor para los traficantes avícolas, fue que su consumo, en lugar de desplomarse, subió como la espuma.

 

 

 

 

 

Por eso, cuando una amiga mía de Santiago, me regaló un pollo  criado en la aldea y alimentado como si fuera un faisán, me dio el alegrón de mi vida; porque aunque, a veces, compro "pollos camperos" no estoy muy segura de que tengan nada que ver con este pollo de campo, al que le daban hasta las buenas noches. Cuando me dispuse  a cocinarlo, la memoria de mi pituitaria me trajo aquel aroma a pollo asado en cazuela  que se cocinaba en mi casa para las grandes festividades; y ante este evocación, pensé que tenía que elaborar una receta ad hoc para tan excepcional manjar; y, ni corta ni perezosa, me dispuse a  cocinarlo; como el pollo era una hermosura, decidí cocinar una parte simplemente al Oporto (cuando el pollo es campero de verdad apenas necesita mucho más); y otro "con gamas y almendras" porque  recientemente había leído que estaba muy en boga combinar el pollo con todo tipo de mariscos y, ciertamente, éste era el pollo ideal para maridar con unas buenas gambas. Esta sofisticada combinación me pareció riquísima y por eso la traigo hoy aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ingredientes:

 

Podéis hacer dos recetas diferentes, os adjunto ambas. Lo importante es el pollo, la cebolla, el ajo y el oporto, las gambas, pimientos, y almendras son opcionales.

 

 

 

 


Primera receta:

 

trozos de pollo grandecitos, preferentemente patas y muslos o contramuslos

4 o cinco cebollas dulces

3 o 4 dientes de ajo

2 o 3 pimiento rojos pelado y a medio asar

una vaso de oporto

una cuchara de aceite para la maderación

sal, pimienta

1 dl. aceite

1 cucharada de aceite

opcional: una ramita de canela


Segunda receta:

 

trozos de pollo grandecitos, preferentemente patas y muslos o contramuslos

4 o cinco cebollas dulces

3 o 4 dientes de ajo

una vaso de oporto (1 dl.)

sal, pimienta

1 dl. aceite

250 gr. de gambas o langostinos grandecitos

2 o 3 pimientos rojos carnosos y, a ser posible sin piel, cortados a tiras grandes, medio asados (los pimientos no deben estar completamente tiernos ya que terminarán de cocer en la salsa)

50 gr. de almendras laminadas

opcional: una ramita de canela

 

Elaboración:

 

 

Primera receta:

 

 

 1. Uno de los pasos fundamentales de este pollo  es macerarlo en  ajo triturado con sal y una cucharada de aceite; podéis hacerlo unas horas antes o dejarlo en un tupper desde la noche anterior:

 

 

 


 

 

 

 

 

2. A las X horas de esta operación ya podéis proceder a dorar bien el pollo con aceite que debe sólo cubrir el fondo de la sartén; podéis enharinarlo o, si es una buena sartén antidherente, asar directamente. Tiene que estar muy sellado (dorado por todas partes):




 




3. A continuación, lo colocáis en una cazuela y con el aceite de freírlo pocháis la cebolla y agregáis los pimientos morrones que deben estar casi asados de antemano:


 


4. Ahora ya podési agregar un vasito de oporto, unas hebras de azafrán y la rama de canela que es opcional, y lo cocéis unos 30 minutos hirviendo pero con el fuego muy bajo y la cazuela tapada; este pollo era grande pero tiernísimo. Ya veis que no lleva más caldo que el líquido que echan las cebollas y el vaso de oporto.

 


 


Segunda recera:

 

5. En esta receta le añadís las  almendras y lo cocéis otros 5 minutos:


 


6. Finalmente, le agregáis las gambas que revolveréis bien con el pollo y dejaréis cocer un máximo de 5 minutos; le aportarán un poco más de líquido; finalmente, lo salpimentáis, teniendo en cuenta que el aderezo del pollo ya tenía sal.





 


7. Este es el magnífico resultado: no tiene excesiva salsa pero las cebollas pochadas y el pimiento le darán una gran jugosidad, y en realidad el pollo saldrá como si fuera un asado en el horno:

 

 


 

 

 

8. Ahí lo tenéis ya plateado, con una pinta que no es mejor que el sabor que tiene:

 

 

 

 

BON APPÉTIT AND GOOD LUCK!!!!!

 

 

 

 

 

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