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Quindims del Brazil

 

 

El otro día me encontré en Facebook con una receta de Miriam García en "El invitado de invierno", cuyo nombre era "Quindims del Brasil" y tenían la apariencia típica de un tocinillo de cielo; sin embargo, además de huevos y azúcar, el ingrediente principal era el coco, dulce tradicional del Noreste de Brasil, e incluso se juega con la posibilidad que estos quindims fueran creados por los esclavos procedentes de África en el siglo XVII ubicados en el noroeste de Brasil, en donde había enormes plantaciones de coco procedente de un coqueiro. No sé ni cómo ni por qué, pero mi mente empezó a cavilar y tuve un recuerdo muy lejano, lo que ahora en pedante llamamos un déjà vu, un sentimiento de que los había visto y comido antes, y cabe la posibilidad de que así fuera, porque para mi sorpresa, leyendo sobre este dulce en una web de cocina brasileña, me enteré que eran de origen portugués y efectivamente se elaboraban en este países con almendra, que en brasil habían sido sustituido por coco,  y quizá estos los de almendra eran los que  había comido de niña, ya que los pasteles portugueses eran muy apreciados y bien conocidos en Galicia.

 

 

 

Y esta mañana de sábado me levanté con la necesidad de preparar estos preciosos pastelitos, y de paso revivir aquella parte de mi pasado que estaba entre el recuerdo de los tocinillos de cielo de mi pueblo, que se vendía en aquella pastelería inigualable, "La Bugalla", y aquellos quindims de almendra. La verdad es que pocos pasteles me habían impactado tanto como aquellos tocinillos de cielo, que muy bien podrían confundirse con los quindims de Brasil. 

 

 

 

 

Sin duda, la gastronomía es un fuente muy fidedigna de la historia y cultura de un país, a veces mucho más fiable que la de muchos de los cronistas pagados por los reyes o por los políticos de turno. En general la cocina de Brasil procede de la cocina portuguesa, que es un ejemplo de buena gastronomía, y sobre todo, de exquisita repostería. Según el historiador y antropólogo Cascudo, Portugal vivió en el siglo XVI, una etapa de gran opulencia con el "oro blanco" de Madeira, y a partir de este enriquecimiento se instauró un gusto por la buena cocina, los mesas ataviadas con preciosos manteles portugueses, que todavía perduran, y los banquetes señoriales; y muchos de los dulces exquisitos y sofisticados se  confeccionaban por monjas, al servicio de los nobles y del Papado. Así muchos nombres de sus exquisiteces reposteras tenían nombres como: barriga de freira ("vientre de monja"), frades ("monjes"), beijos de frades ("besos de fraile"), lágrimas ("lágrimas"), doce de esperança ("dulce de la esperanza"), fatias de bispo ("tajadas de obispo)", pudim princesa ("pudin princesa"), sopa da rainha ("sopa reina"), y muy especialmente frutas confitadas, en conserva, y mermeladas que se exportaban a Europa y al Nuevo Mundo, junto con  almendras y vinos. Pero quizá la característica esencial de la repostería portuguesa es la cantidad de huevos que llevan los postres, de los cuales los quindims son un claro ejemplo.

  

Los portugueses tuvieron la inteligencia de sacar partido de las costumbres y productos brasileños, en donde vampirizaron sus productos con la tradición conventual de los dulces de yema y azúcar; y así surgieron los quindims, una mezcla entre el tocino de cielo y el coco fresco.  Esta cita de Gilberto Fryre ejemplifica muy bien la realidad aplicada a la cocina: 

 

"Sem a escravidão não se explica o desenvolvimento no Brasil de uma arte de doce, de uma técnica de confeitaria, de uma estética de mesa, de sobremesa e de tabuleiro, tão cheias de complicações e até de sutilezas e exigindo tanto vagar...  Só o grande lazer das sinhás ricas e o trabalho fácil das negras e das molecas explicam as exigências de certas receitas das antigas famílias das casas-grandes...".

 

"Sin esclavitud no se explica el desarrollo del arte dulce de Brazil, e las técnicas de confitería, de una mesa bien puesta, de postres y comida, tan llenos de complicaciones e incluso de sutilezas y exigencias en la preparación de dulces y ornamentos, pasteles, platos, toallas. Sólo el gusto por el placer de las señoras ricas y el trabajo fácil de las negras explican las exigencias  de ciertos recetas de familias de casas grandes ..." (traducción libre mía).

 

 

 

 

Cuando leí este documento, se me heló la sangre pensando en la palabra  esclavitud, o la dominación del hombre por el hombre, en donde una persona puede disponer de la vida de otra persona. El tema de la esclavitud me produce siempre dolor y un agudo sentimiento de culpabilidad, ya que es evidente que a lo largo de la historia los poderosos siempre se han aprovechado del trabajo de los pobres, con los “buenos” mirando  a otro lado. La esclavitud de Brasil fue la última en ser abolida y necesitó grandes presiones de organismos nacionales e internacionales que clamaron por su abolición. Por fin, "La Ley Áurea" del 13 de mayo de 1888 obligó a la princesa imperial Isabel I de Bragança (1846-1921), hija del emperador Pedro II de Brasil,  a derogarla,  tras la aprobación por el Senado del Imperio de Brasil. La Ley Áurea fue precedida por la Lei do Ventre Livre ("Ley de Libertad de Vientres") del 28 de septiembre de 1871, que liberó a todos los hijos de esclavos nacidos en Brasil, con la oposición de los terratenientes del medio agrario, cuyas plantaciones eran de esclavos negros capturados en África. (Foto, D.P.: Victor Meirelles, Abolición de la esclavitud). 


 

 

 

 

Con este dato histórico sobre la historia de Brasil, estos maravillosos pastelitos se me atragantaron y me dejaron un regusto amargo. Ante el recelo de ofrecéroslos o no, he optado por lo primero porque son unos pasteles que, aparte fáciles y baratos,  son verdaderamente deliciosos y me gustarían que todos los hombres libres puedan ser partícipes de ellos.


Quiero agradecer a Miriam García "El invitado de invierno" y a Elaine Correa y Elaine Nunes de la "La casa sin tiempo", por esta magnífica receta. 

 

 

 

 Ingredientes:

 

 

 

 

-5 yemas

-2 huevos enteros

-180 gr. azúcar

-100 gr. coco

-2 cucharas repletas de agua

-1 cucharada de mantequilla muy blanda

-mantequilla y azúcar para engrasar los moldes

-Opcional: media cucharadita de café de extracto de vainilla

 

 

Elaboración:


1. Se mezclan y remueven las yemas, los huevos y el azúcar hasta que ésta última se haya disuelto. A continuación se agrega todo lo demás (cucharada de mantequilla, agua, vainilla):



 



2. Se untan unos moldes de flanes individuales con mantequilla y se espolvorean con azúcar:


 


3. Se llena de la mezcla sólo hasta la mitad de las flaneras
y salen ocho pastelitos:

 

 

 

 


4. Se meten  a un horno moderado de 150 y  al baño de María; es decir, a la bandeja de horno o a un molde donde quepan 8 flaneras, se les echa un poco de agua para que no se sequen y se dejan cocer de 35  a 40 minutos:

 

 

 


5. Cuando salen del horno los dejáis enfriar y templados les pasáis un cuchillo por los laterales para despegarlo, le dais un golpecito y se vuelcan de momento:

 

 

 

 


6. Fijaros la parte de arriba tiene la textura del tocino de cielo, mientras que la de en medio está más como si fuera una yema de coco. Me parecen maravillosos y el sabor exquisito. Salen 8,  pero son tan dulces que no creo que se pueda repetir:


 


 

7. Y ahí tenéis la maravilla de su interior, en donde se aprecia la textura del coco:

 

 

 

 

 

BOM JANTAR!!!!!!!!!!

 

 

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