LA COCINA COMO TERAPIA
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 Revuelto de grelos y langostinos

 

 

 

Los grelos son por excelencia la verdura de Galicia; procede de la especie brassica rapa en latín, conocida como nabo, se encuentra ya en cualquier mercado central o buen supermercado. Se dice que los ecotipos de Santiago y Lugo son los mejores, y se suelen comercializar frescos, congelados, en conserva, y últimamente deshidratados. A mí me encanta comprárselos a una aldeana del mercado de Santiago.

 

 

 

 

 

Son de un color verde intenso y su sabor se ha descrito como muy agradable, aunque ligeramente amargo y picante, próximo al de la nuez. Es muy dietético con vitaminas A, C, y K, así como potasio, calcio, y hierro. El grelo es comestible sólo cuando está tierno; es decir, su estación es noviembre-marzo y después se endurece y sus hojas empiezan a amarillear y ya es imposible su consumo. Un buen sistema para saber si el grelo es blando, consiste en darle un corte transversal en su extremo; si el centro está muy blanco (blanco nieve) el grelo no es comestible a causa de su dureza. Hay sin embargo una periodo de septiembre a noviembre, la misma planta da un grelo pequeño, blando pero con mucho menos sabor, que se conoce como nabiza, y  a mí particularmente me gustan mucho. En la zona de donde yo procedo, provincia de Lugo, al auténtico grelo le llamamos "cimón". 

 

Con los grelos se elaboran las tres recetas más populares gallegas: el lacón con grelos, los grelos en variedad de ensaladas  (siempre calientes y cocidos, de las que destacaría "los grelos en ajada") y el pote o cocido gallego. Por el contrario, han salido en las últimas décadas otras recetas más sofisticadas, como es la que hoy os presento, que considero verdaderamente una delicia por su maridaje de verdura y marisco, y cuyas combinaciones incluyen las vieras, las navajas, las anduriñas, etc. y, por parte de la verdura, las setas, espinacas, acelgas, etc.  

Uno de los problemas culinarios que presenta la cocina del grelo es la forma de limpiarlos y cortarlos, ya que si no los escogemos bien podríamos encontrarnos con una verdura dura que estropearía cualquier plato. 

Se deben limpiar bien y, a continuación, llenar el fregadero con agua caliente y depositarlos en el mismo. Pero antes, debemos cortarlos y "escogerlos", esto último supone cortar sólo las partes blandas que contienen las hojas, y después  extraer los hilos de los tallos y cortarlos en trozos pequeños. Es el mismo proceso que haríamos con las pencas de acelgas, las espinacas o el apio. Es curioso oír que el cortado debe hacerse con las manos y nunca con cuchillo. 

En este plato, tanto los grelos como los huevos son de aldea y regalados por una excelente amiga compostelana que tiene una casita con ese trocito de tierra que hace que los gallegos tengan su manutención asegurada, con sus animales y su exquisita verdura de la temporada.  Como he cocinado este plato en Santiago, no puedo por menos, que recordar al Apóstol:

 

 

 

 

 

 

 

Ingredientes:

 

Todas las cantidades son opcionales y dependerá de los comensales, y también de lo costoso que lo queráis hacer el plato. La receta de abajo es para 6 o 7 personas.

 

 

 

dos racimos de grelos (los grelos frescos al cocerlos merman mucho)

un huevo o huevo y medio por comensal 

una kilo de langostinos, que pueden ser frescos o congelados

3 o 4 ajos laminados

aceite para el sofrito; para esta cantidad necesitaréis 1,5 dl. A mi no me gustan las cosas con mucho aceite.

 

Elaboración:

1. Limpiar los grelos y cocerlos en una o dos aguas. Yo sólo utilicé un agua. 

 

 

 

 

2.Una vez que están bien escurridos (los dejáis en un colador y los apretáis bien con una cuchara  hasta que ya suelten toda el agua; y ya  podéis hacer el sofrito, que llevará sólo ajos laminados. ¡Cuidado con que los ajos no se oscurezcan1 porque amargarían:

 

 

 

3. Ahora podéis agregar los langostinos o gambas, y darles simplemente una vuelta con el aceite: no más de un par de minutos: 

 

 

4. Y,  a continuación, podéis agregar los grelos bien escurridos y picados, y revolverlo todo durante otros dos minutos para que se mezclen bien los sabores:

 

 

5. Batis los huevos como para tortilla (es decir, lo justo) los saláis y lo mezcláis con lo anterior; no debe pasarse mucho porque el secreto del plato está en que no quede seco. 

  

 

 

 

Ahí tenéis una presentación muy casera, sin ningún tipo de ornamentación, de un plato exquito de sabor y consistencia, con los langostinos enteros para disfrutar de su carne tersa y sabrosa, y el huevo casi asomando a modo de una salsa que ha recogido el aroma del langostino y el maravilloso toque intenso del grelo:

 

 

 

BON APPETIT AND GOOD LUCK!!!!!!!!!!!!!!

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