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Solomillo de ternera


 

Siempre que os presento una receta de solomillo me siento mal; empiezo a comerme el coco con la crisis (en el argot vulgar granadino se diría me entra el "regomello") y  con lo mal lo que lo está pasando la gente y me hago un montón de reflexiones para acallar mi conciencia. Yo creo que mi mala conciencia es consecuencia del espíritu heredado del mayo del 68, cuando nuestras ideologías ardían en deseos de cambiar las cosas y las clases, con el emblema de una década que pretendía cambiar las orientaciones ideológicas en torno a cuestiones como la solidaridad, el ecologismo, el feminismo, etc.; todavía recuerdo con nostalgia aquella metáfora, tan de moda por entonces, sobre "la arena bajo los adoquines". Pero aquella quimera, en que debajo de aquella caduca civilización se descubrirían magníficas playas, dio paso a realidades más bien decepcionantes, en las que muchos de los que pregonaron con más entusiasmo aquella utopía, contribuyeron, con pocos escrúpulos, al desarrollo de todo tipo de operaciones especulativas, que no nos mostraron precisamente la visión de un paraíso.

 




Una vez leí un cuentecito que tenía lugar en un trasatlántico, de esos que cruzan los continentes. Los pasajeros se hartaban de magníficas viandas en el espléndido comedor del buque; en fin, se ponían morados de comer y beber. Desde el primer día, un pasajero se iba a un rincón para ingerir unas humildes galletas con un escuálida rodaja de queso; y así hasta que casi terminó el viaje. Un pasajero, después de verlo día tras día hacer lo mismo, y después de degustar una opípara comida, sintió curiosidad por conocer la razón por la cual aquel hombre se alimentaba de tal  frugal refrigerio y, sin más preámbulos, le preguntó por qué no compartía con ellos aquellos estupendos banquetes. El señor del las galletas y el queso, le contestó: "Soy pobre y no podría pagar esa lujosa comida"; a lo que el otro contestó: "Pero no sabe qué las comidas están incluidas en el pasaje?". Muchas veces me he preguntado si determinadas cosas de la vida no debían de estar incluidas en el ticket que nos dan cuando nacemos. 

 

 


 

Esto viene a cuento porque no hay que ser muy inteligente para saber que el solomillo le está vetado a un gran número de habitantes de la tierra, junto con otras cosas de las que quizá seamos menos conscientes. Yo me suelo contraargumentar a mí misma,  que en mi caso no come solomillo todos los días, ni mucho menos, y más bien lo hago en ocasiones y celebraciones muy especiales, cuando además siempre lo comparto con amigos o familiares  a los que les doy un gusto que vale mucho más de lo cuesta un solomillo.

 

Finalmente, recurro al sentido común de mi madre. Mi madre, a lo largo de su vida había acumulado en su mente una lista de productos muy variados de garantía patente, desde la ropa de cama que tenía que ser de la "Viuda de Tolrá", los jerseys "Pulligan", las galletas "Artiache", el aceite "Ibarra" de lata, o el jabón "Lagarto", y así sucesivamente, y ni la publicidad más efectiva del mundo la harían ser desleales a aquellas marcas. Con relación a la compra del solomillo para acontecimientos puntuales, solía argumentar: "Pero si, en el fondo,  es mucho más barato que gastarte el dinero en las miles de "zarapalladas" (un término muy gallego que equivale a "tonterías") que la gente compra para quedar bien". Para ella, lo que uno pagaba en la compra de un solomillo era la fiabilidad, o la garantía de que una comida estaba aseguraba. Siempre decía: "Haces una paella de marisco, o un cordero lechal al horno, o una magnífica merluza, y el arroz te sale apelmazado, el cordero está sequeroso, o la mejor merluza del mundo se te ha pasado en la cocción, y has tirado a la basura el dineral que te has gastado; pero con un un buen filete de solomillo con patatas, que haces en un santiamén, el éxito está siempre asegurado; en realidad, lo que pagas en un solomillo es la garantía y el poco tiempo invertido".



Aligerada mi conciencia con este último argumento, procedo  a daros  tres recetas de solomillo de ternera a la plancha, empezando por el "solomillo con champiñones rellenos", que lo mismo podéis hacer con patatas fritas o a lo pobre; y contuándo con el "solomillo primavera" con verduras primaverales y salsa holandesa, y finalmente con el "solomillo .

 

Voy a mostraros aquí la foma de asar los filetes de solomillo a la plancha.

 

 

 

 

 


 

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