LA COCINA COMO TERAPIA
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Tarta capuchina

 

 

He estado en Madrid, cuidando  de Gelsomina, la perrita  de mi hijo, a la que la han operado para su castración; como debía estar tranquila, nos hemos dedicado a cocinar, porque a Mina le encanta cocinar y  le distrae mucho verme y, además, le encanta las muchas historias que le cuento mientras que estamos en nuestras tareas culinarias. Lo peor es que no puede ni probarla, porque con el dulce soy infexible, pero lo sustituyo por les doy en su lugar  unas galletas que le hago  a mis perritos y que están esupendas.

 

Yo siempre recuerdo que cuando era niña y estaba mala lo que más me gustaba era irme a la cocina con mi adorada Dora, y "cooperar" a preparar todo tipo de platos maravillosos. Es curioso como hasta en las enfermedades mis asociaciones con la comida están siempre muy presentes en mi memoria.

 

 

 

 

Hace tiempo que quería hacer "la tarta capuchina", que es un postre que se considera de gran dificultad y origen incierto, y por mucho que he investigado no he podido descubrir su procedencia, aunque mi hipótesis apunta a que la causa de su elaboración, como el tocino de cielo, se debe al deseo de aprovechar las yemas que sobraban de clarificar los vinos; por tanto, podemos localizarla en la zona de los caldos jerezanos.

 

A mí me entusiasma la capuchina, una tarta española donde las haya que, junto con el tocino de cielo y las yemas azucaradas, suben el colesterol sólo de mirarlas; pero como dice el vulgo "todo lo bueno engorda o sienta mal". De todas formas, como dice mi médico, cualquier dulce hecho en casa es mucho más saludable que la pastelería comercial, que está lleno de grasas saturadas. Es un argumento que siempro uso cuando los "amargavidas" me recuerdan que las cosas más ricas son letales, ¡ah! y otra cosa también es positiva porque es apta para celíacos. Yo con lo del engorde, tengo un proceder que me va muy bien: "comer de todo, absolutamente de todo, pero en pequeñas porciones!.

 

Desde el punto de vista culinario, hacer una capuchina es como hacer magia en la cocina porque es increíble que sólo con azúcar, huevos y agua, se puede hacer un manjar semejante; este postre siempre se presenta envuelto en la mística de la dificultad y de lo celestiall cuando en realidad es muy fácil de elaborar. Es una pena  que esta delicia esté desapareciendo de nuestras casas, confiterías y restaurantes; personalmente, creo que en aras a no perder nuestro patrimonio culinario, del que la capuchina es un verdadero tesoro, deberíamos prepararla al menos una vez al año y que mejor día que establecer esta fecha en el  "Día de Todos los Santos".  

 

La capuchina tiene dos elaboraciones: a) la capuchina simple  que es simplemente un bizcocho hecho de yemas, sin nada de harina, y cubierta de azúcar glas se quema su parte de arriba; b) y cubrirla de una yema blanda a la que también se cubre de azúcar glas y se marca con un enrejado como si fuera un ponche. Yo suelo hacer la primera porque si está bien mojada y tostada me parece que no necesita la yema blanda.

 

 

 

 

 

 

 Ingredientes: 

 

 

 

 

 

 

-9 yemas y una clara

-una cáscara de limón

-200 g de azúcar

300 ml de agua

una cucharada sopera de maicena

-azúcar glas para espolvorear por encima

-mantequilla para untar el molde

-un molde de 22 cm (si es mayor os saldrá más fino, y si es más pequeño la capuchina será más gruesa)

 

 

Elaboración:

 

1. Untáis con mantequilla un molde de 22 cm.

 

 

 

 

 

2. Batís las yemas y las claras con una batidora lo más potente que tengáis; necesitará unos 20 minutos de batido, hasta que la cantidad se triplique y la mezcla se quede blanquecina:

 

 

 

3.  Luego le añadís una cucharada de maicena tamizada, y lo mezcláis con movimientos envolventes para que no se baje:

 

 

 

 

 

4. Ahora la ponéis a horno de 150º unos 12 o 15 minutos (si tenéis aire mejor); para comprobar si la mezcla está cocida le podéis meter una aguja, y si sale limpia estará.  La apariencia de la parte superior es un bizcocho rugoso. Hay personas que lo hacen al baño de María pero yo he utilizado ambos procedimientos y no noto ninguna diferencia, así que opté por meterla en el horno directamente.  

 

 

5. En medio de este proceso, debo hacer el almíbar con el agua, el azúcar  y la corteza de limón indicados y una cocción de 15 minutos, hirviendo despacio. 

 

 

 

 

 

 

 

 

A continuación, la pincho bien y le agrego el almíbar caliente, pero no hirviendo, con una cuchara hasta que la cubre toda, y la dejo toda la noche para que lo absorba bien.  Esta sería la apariencia  después de varias horas o una noche con el almíbar
 

 

 

 

 

 

5.  La doy la vuelta, la cubro de azúcar glas y la quemo con un quemador eléctrico.

 


6. Ahí tenéis ese trozo maravilloso que hará de  cualquier comida vulgar una verdadera fiesta: 

 

 

 

 

Algunas veces en lugar de quemarla, le hago un enrejado con el quemador pero, a diferencia de una costumbre muy generalizada,  nunca le pongo crema de yema por encima porque la hace demasiado empalagosa. Pero hoy voy  acoger un trocito de esta tarta y la voy  acubrir de crema de yema y luego y azúcar glas, y luego la quemaré para que veáis el efecto de la capuchina que suele venderse en pastelerías o te ponen en los restaurantes:

 

 

 

 

 

 

 

Por si no habéis visto el quemador os incluyo una foto. Este utensilio, es relativamente barato (unos 30 euros) y os servirá para la crema catalana y para quemar otros cosas de cocina y repostería.  Yo tenía la plancha tradicional que ponía en la cocina de gas y funcionaba de maravilla, pero al pasar a la vitro tuve que comprar el de la fotografía que es estupendo y más limpio. 


 

 

 

 

 

¡Qué disfrutéis de esta maravillosa tarta!

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